Le rompí la madre a mi ladrón

[Tiempo de lectura 7 m]

Me intentaron robar la bicicleta, le rompí la madre al ladrón.

thou shalt not steal

Estaba dejando un paquete en la paquetería, siempre o la meto o la amarro, dependiendo cuánta gente dentro. Hoy la cola se salía del local, así que solo la apoyé en la puerta de vidrio.

Un rato después que entré, vi (el vidrio tiene estampas y no se ve todo) dos manos tomar mi manubrio y empezar a cargar mi bici para darle la vuelta. Salí, moderadamente rápido, tampoco con demasiada prisa—se perfecta e inconscientemente cuánto tiempo toma darle la vuelta a mi bici y empezar a rodar, y a cualquiera le tomará más que a mí—les di la vuelta dejándolos con la pared atrás, y…

Francamente no recuerdo que dije, el efecto adrenal ya estaba funcionando, pero sí le dije algo, un “¿qué carajos estás haciendo?” probablemente, y en lo que me veía, dejaba la bici y decidía si huir o no, mi paquete—una caja grande que traía en una de esas bolsas verdes que salvan al planeta /rollseyes—se impactaba con fuerza en su cara y cabeza desde arriba.

El golpe le resultó completamente inesperado, y mientras trataba de subir su guardia—subir las manos, nomás, para quienes no sabemos pelear formalmente—ya le estaban lloviendo derechazos de mi parte en los hombros y espalda media y baja, mucho más pues se agachó para protegerse la cara.

Desde acá lo interesante, pensándolo a posteriori, obvio:

Mis dos, tres primeros golpes fueron con el hombro a medias, y los sentí muy faltos de potencia para lo que la situación requería, “le tienes que pegar con todo para que no se levante”, cambié desde el siguiente golpe a darlos con la espalda, muchísimo más potentes. El neocórtex solo entró para recordarme que no debía intentar pegarle en la cara, pues el riesgo de lastimarme la mano y potencialmente arruinarme la pelea es muy alto, que preferentemente debía buscar los puntos blandos que no están cubiertos por hueso.

Por el rabillo del ojo veía según yo al de seguridad de la paquetería tomar mi bici.

El de seguridad y creo otros dos adultos—seguro al menos uno sí—me decían que ya le parara, que ya se había llamado a la policía, que ya venían, que ya déjelo joven, y más bien en tono de no vale la pena, realmente la madriza, que sí fue, no fue demasiado aparatosa. Eso y que ya no le estaba dando puñetazos, sino patadas.

¿Ya déjelo? ¡Pinche ratero de mierda! ¡Vuelves a agarrar otra bicicleta culero! ¿Cómo “ya déjelo”?

Le gritaba al tiempo que me volvía a poner a distancia de patín, y otro patín en la cara sin demasiado vuelo, apenas marcada, de rodilla para abajo en vez de cadera, pero con botas de casquillo.

Le atiné al pómulo, digo, y el chicotazo que dio su cabeza fue hermoso, el impacto causado con “tan poca” energía invertida muy aparatoso; recordar, soy ciclista, los ciclistas tenemos mucha fuerza en las patas, y el neocórtex también me recordaba no debía patearlo con demasiada fuerza, ni tampoco patearlo en zonas suaves—justo al revés que los golpes: muy sencillo le exploto un hígado o rinón con una bota así; una rodilla se la reviento. Por esto mismo insistían aún más en que ya lo dejara. Siempre tuve presente el que no debía dañar severamente.

Así, dos, tres, patadas al pobre cabrón en el piso. Tirado por mis golpes. El pock, spack de los impactos. “¡Ya joven, yo acá le cuido su bici!”.

Me quité, si lo mío no es la violencia, la violencia es el recurso del incompetente, dice Asimov, por algo así no vale dañar permanentemente a alguien, ¿o sí?
Pero regresé a darle una última patada, en la pantorrilla y con más fuerza. Todos nos hemos pegado en la pantorrilla. Imaginaos.

Y me volteó a ver en lo que los demás se le acercaban a decirle lo clásico, ya ves por ladrón, pinche ratero, bla bla bla, y de nuevo el puto coraje se me salía por los ojos y ¡qué me ves, hijo de tu puta madre! ¡vas a volver a agarrar otra bicicleta cabrón! [retórica intencional]. y me acerqué de nuevo y se encogió lo más que pudo, el miedo cerval evolutivo en sus ojos que bajó y volteó su cara de inmediato. La respuesta mamífera inevitable.

No recuerdo tampoco si las personas, o alguna al menos, lo urgían a irse, ya vete cabrón antes que te vengan a chingar los policías, me inclino más a según yo sí. Y es comprensible.

Metí mi bici, agarré mi paquete y me regresé a la fila a entregarlo—respirando intensa y sonoramente, la gente viéndome todos, viéndose entre ellos, murmurando las chicas “ya viste, ¡además está guapísimo!” y los hombres “ojalá mi esposa tuviera la mitad de hombre que él, ¡por Crom!”, ignorando que a Crom no se le reza, no se le pide—y lo entregué.
Salí y platiqué un rato con el de seguridad, en lo que esperábamos a la poli, y dos moto-polis-robocops (ya saben cuales) pasaban por ahí. Según se había ido a la vuelta el ladrón, les dije que iba a ver, fui en la bici y le pregunté al del hotel de junto y que estaba a la vuelta, y sí, ahí estaba tirado recargado en la pared. Intentó huir y hasta ahí llegó de la chinga que se buscó.

Regresé a decirles desde lejos, llegaron todos, qué pasó joven, su nombre, la bici, muy bien desea proceder… Encontramos una especie de inhalador junto a el, ya se había drogado, y la policía lo confiscó al tiempo que tomaban fotos de todo.

Una oficial me dijo que el problema son los de la fiscalía (es de las tres peores del país, la poblana), que como aparentemente está bajo la influencia, a los que están bajo la influencia los están dejando salir bien rápido, ni entran es más, y pues por ejemplo yo el otro día hice 14 horas para denunciar 6 atunes, me dijo… Le pregunté cuántos incidentes así atendía al día: hoy llevo 15, joven. No eran ni las 7pm. Solo en esa zona de la ciudad.

El número real de crímenes es muchísimo mayor que los reportados.

Eso y que según las nuevas leyes (leí por ahí creo, y me lo recuerdan en tuiter apenas), si tu bici no vale más de cierta cantidad entonces no es delito grave y, ¿no amerita cárcel?

Se habla con acciones, y yo siempre he dicho que la pinche fiscalía es una basura (yo mismo he ido a denunciar intentos de secuestro y suplantación de identidad y no hacen nada, literal nada), y que vale más romperle la madre a los ladrones que denunciar. Check y check.

Le dijeron que se fuera, quitándolo del lateral del hotel, lo pararon a la fuerza y empujaron para que anduviera, y con trabajos podía, el dolor ya le empezaba a llegar después de haberse quedado entre dormido e inconsciente. Y drogado.

Pues eso que digo, que está interesante como a pesar de estar siendo tomado por el límbico y el reptiliano, aún tenía presente que no debía dañar con severidad; matar, totalmente fuera de la cuestión. Eso, y el conocimiento de dónde sí y dónde no debía pegar para máximo impacto y eficacia—dentro de los límites que ya dije. ¿Dónde estará la frontera, esa que al cruzarla ya permite asesinar no solo a sangre fría, sino como hobby, de los videos de terroristas y narcos que plagan los foros?

Al verlo irse renqueando, pensé fugazmente en esperar a que se fueran las patrullas y round 2, pero solo fugazmente.

Me fui.

Se siente bien, muy bien, romperle su puta madre a tu ladrón. Se sabe mal, muy mal tener que golpear a alguien pues no somos más que simples mamíferos. Nuestra humanidad se ve mermada cada que hacemos algo así. Infortunadamente no tenemos el lujo del diálogo y la ley en un país tercermundista y en crisis, el nivel de impunidad en Puebla es mayor al 90%; el de resolución de casos menor al 5%.

Tiempo después, después de notar los tatuajes de presidiario que tiene, y ver que no está en nada mala forma, nomás verle los brazos, encima de tener como diez años menos que yo, me veo en el espejo y me siento poderoso. Yo lo tiré. A madrazos. Yo le partí su puta madre a mi ladrón. Sin ayuda de nadie y sin conocimiento práctico real de cómo pelear (por eso aquello de los primeros golpes faltos de energía, de técnica, de saber por práctica cómo se debe golpear).

Yo.

Viendo todos los comentarios en tuiter, si lo hubiera desnudado y quemádole sus ropas, sería un héroe influencer de primer nivel, más grande que los más grandes influencers desde probablemente 1870, me harían memes 6 semanas y todas las chicas me mandarían solicitud… en el Tinder, pero solo contesto en el Instagram. A mí no me costarían trabajo las Yuyas. AMLO y la 4T (que debería ser mayor T, faltó la expropiación petrolera y la venta de los bancos) me pondrían una estatua en bronce en la cima de la pirámide más alta de Calakmul, para que todos los que lo lleguen a visitar en el maldito Tren Maya puedan admirarme, y la neta ¡qué mal que no lo hice, jaja! ¿Se imaginan los titulares? “Héroe Nacional, ciclista, madrea, desnuda, y quema la ropa de un ladrón”. Mi nombre sobrepasaría los Brayans y los Ikers, Santiagos y Mateos… Pero I pass the test! I will diminish, and go into the West.
A lo que iba, que para empezar ni se me ocurrió, y encima dudo haberlo hecho pues asco—razón más para no pegar en la cara y evitar la sangre que sepa si está contaminada de ébola o algo o no (y se van alv todas y todos las y los postmodernas y postmodernos que digan mi comentario es clasistx).

Otro tipo de comentarios que me sorprenden muchísimo—y ni tanto, la gente no sabe nada—son aquellos que argumentan que ni estaba armado, que se ve bien debilucho y más pequeño que yo, que es un niño, que se ve que estaba borracho, que porqué presumo mi gran hazaña, que falto de atención… Oigan, gente sin cerebros, o sea que solo si está más fuerte, grande, viejo, y armado que yo, y encima me acuchilla y mata, ¿vale la pena la defensa y de lo contrario está bien que nos asalte?
Neta, están imbéciles y solo opinan porque tienen internet.

Y cada vez van a estar peores nuestras ciudades.

Por supuesto sé la culpa en gran medida es de la crisis económica y geopolítica en la que está metido el mundo, y la corrupción y la desatención absoluta del pueblo de México, pero igual ustedes—pinches rateros—pueden escoger otra cosa, y ya están muy cabrones matando a todos por los $200 que les dan por nuestros relojes y celulares, para poder seguir comprando su maldita droga—conste que sabemos la drogadicción es una enfermedad y como epidemia deberíamos estarla tratando; son pacientes, somos humanos tanto e igual que yo y que cualquiera (en este universo nadie es especial).
El problema táctico de siempre es de dos partes, una que la gente rehuye a la agresión por naturaleza, es nuestro instinto y punto—somos descendientes de los cobardes, de los que huyeron, puesto que era mejor huir aunque fuera el viento, que quedarse y encontrarse al tigre, esos fueron los más exitosos evolutivamente hablando—nadie se metía, dos se acercaban con las palmas extendidas, el gesto pre-homo de paz, todos los demás en anfiteatro. Y otra que los ladrones no pelean limpio, son montoneros y usan armas. Pues el pueblo es igual y también puede pelear sucio: los que podemos nos defendemos. Y aunque podamos, y a los que no puedan, los defendemos entre todos.

Hay que chingarle y uno le está chingando, y nos están chingando; el atropello del robo—cualquier crimen—deberá ser castigado por el pueblo, de manera individual y absoluta, en lo que nuestra fiscalía y nuestra ley se ponen al corriente.

Sobre Emmanuel Vara Zenteno, el Uso del Casco y el Ciclismo en General

[Tiempo de lectura 11 m]

Emmanuel Vara Zenteno, cicloactivista, Director de Movilidad, diseñador de ciclovías: asesinado atropellado por camión que pasó el alto en calle prohibida.

Martín, Carlos y Emmanuel.

“El ser peatón [y ciclista] en Puebla y en México es muy difícil porque no hay infraestructura y cuando se crea se termina segregando como las mal llamadas ciclovías o los puentes peatonales, que lo único que están diciendo es que el coche sigue teniendo la prioridad”.
-Emmanuel Vara Zenteno.

Ayer atropellaron a otro ciclista en Puebla, uno que era Director de Movilidad en la Secretaría de Movilidad Municipal y por eso se está haciendo mucho ruido. Además que fue atropellado en la 11 norte, avenida que cuenta con RUTA y que por ello es ilegal que los demás transportes públicos—como el que lo mató—circulen sobre esa avenida, cruzando sobre la 4 poniente que tiene un ciclocarril que él mismo diseñó (pero que hace una pausa para cruzar la 11). Para ironías y ojetadas de la vida: ésta.

Yo soy un ciclista consumado, tengo rodando desde que mi padre me enseñó a andar en bici, en una Bimex blanca con estampas rojas y azules, allá por cuando tenía quizás 5 o 6 años en el parque San Martín—mejor conocido como parque México, el de la fuente de la mujer con los cántaros—en el antiguo DF, echaba carreritas con los amigos de las cuadras en la enorme bici de carreras de mi abuelo materno en el gigantesco parque—”la selvita” para mis padres y tíos que llegaron a vivir ahí cuando todo era baldío, “el fin de la ciudad” seguro en algún cuento imaginado de realismo mágico, “el parque” para nosotros, el Periodistas Ilustres su nombre oficial—que teníamos la indecible fortuna de tener junto a las cuadras. Después me pasé casi toda mi universidad en una Benotto de montaña, pesadísima de acero y de geometría estúpida de cuando no sabíamos diseñar bicicletas, que me regaló un compañero de trabajo de mi pa’ que puso una de las primeras tiendas decentes (o sea, que vendía modelos y componentes avanzados y no solo las clásicas normalitas) de bicis, Bic-Ben, la que estaba en plaza Crystal en Puebla, y luego gran parte de mi transporte al trabajo a la SCT en DF en otra Benotto más moderna que compré, de aluminio, y que cambié muy rápido por una Trek ya muy decente. Actualmente ruedo por simple gusto—aunque sea por transportarme—y por hacer ejercicio.
Me he caído, me han atropellado, he atropellado gente, me han cambiado un cuadro por garantía gratis años después de la compra original, he ido a la montaña, doy vueltas de 100km por ir a cascadas “aquí cerquita”, he contagiado con el virus del ciclismo directa o indirectamente a no menos de 7 amigos (y aunque lo nieguen, Pojo, Mau, Charles, Yorch, Liz, Jack y Lichis, en el fondo saben que es cierto). Escribo en Rodadas Puebla en el tuiter porque me importa el ciclismo y porque necesito mejorar mi ciudad.

Y como automovilista, bueno, mis amigos (¡y no me dejarán mentir!) me han llamado desde Fittipaldi hasta Senna, me confían invariablemente sus autos cuando salimos a carretera, saben que soy un conductor que sabe comportarse en situaciones de riesgo (aquellos talleres de aprender a manejar en circunstancias extremas, como frenados súbitos dando la vuelta, o en piso mojado, deberíamos tomarlos todos). Amo manejar en carretera, de noche, a altas velocidades, sé dar trompos, sé corregir understeering con acelerador, y sé causar oversteering adrede con el freno de mano. Mi carretera favorita para manejar es la Oaxaca-Puerto Escondido. Con esto quiero decir, que además de amar el ciclismo, también amo el automovilismo, no piense el lector—y descalifique mi opinión—que soy de aquellos ciclistas fundamentalistas que odian al auto y desean verlo arder, como los que en la rodada de ayer que más adelante menciono le mandaban saludos a las madres de los conductores que desesperados por ver pasar una procesión interminable de ciclistas, tocaban el claxon esperando nos apurásemos: bastaba ignorarlos, o si en realidad deseas ser un agente de cambio, acercarte a ellos y explicarles de que iba la rodada.

Así que mi condición de ciclista senior, boss, de prácticamente toda la vida, me permite enunciar los siguientes puntos importantes relacionados con el infortunio de ayer, para tratar de aclarar un poco las cosas y evitar las opiniones mal informadas, tan dañinas al ciclismo:

  • El uso del casco.

Es generalmente irrelevante en accidentes que son alcances por detrás por vehículos automotores. En primera por que los cascos normales (no los full-face) la parte que menos protegen es la nuca/cuello, y en segunda por que la diferencia de energía cinética y potencial entre un vehículo que pesa mínimo algo así como 1500kg y es muy estable por tener 4 ruedas, y una bici de unos 100kg con todo y ciclista es abismal. El momentum de un auto a 10km/h es mucho mayor al de una bici a 30km/h, por simple física básica.

Andar en bici no es peligroso, lo peligroso es toparse con conductores ineptos que predican el evangelio del culto al auto, en ciudades mal diseñadas y peor construidas. Pero insisto, en golpes por alcance poco puede hacer el casco… sobre todo como en este caso cuando las llantas del camión te pasan sobre la cabeza. Creo que ni siquiera un casco de moto ayudaría (pues aunque el casco resistiera, el cuello se rompería por el movimiento rotacional).

Los países más civilizados en ciclismo jamás exigen el uso del casco, vaya, hay lugares que incluso permiten a los ciclistas pasarse los altos por ley, y ellos tienen estudios y todo, denle al Google si están interesados. Y esto no es una opinión personal: todos tenemos opiniones, pero pocas están basadas en hechos y estadísticas. Afortunadamente hay quienes han dedicado ya mucho en realizar y recopilar estudios y meta estudios (agregados de estudios) sobre el ciclismo y el uso del casco, para determinar si en realidad sirve y si debe ser obligatorio su uso, siempre con la premisa de fomentar el ciclismo y proteger al ciclista…

Causas de lesión en cabeza uso de casco ciclismo

¿Sí sabían que las lesiones en cabeza por ciclismo son las menos?

Y pues resulta que no es tan simple y no obedece al sentido común (pero ya sabemos que el universo no tiene por que obedecer a nuestro sentido común).

Si bien el uso del casco en efecto disminuye las lesiones en accidentes, contra todo sentido común se ha demostrado que aumenta la probabilidad de sufrir un accidente en primer lugar, y que países con leyes que obligan a usarlo terminan con más muertes ciclistas por varias razones, entre ellas que el ciclista se siente mejor protegido y toma más riesgos, y que los automovilistas lo ven como un ciclista experimentado y predecible y pasan a menor distancia de él, toman más riesgos con él. Es algo muy parecido al hecho—también demostrado, y también contrario al sentido común—que hay más y peores accidentes en autopistas bien señaladas e iluminadas y pavimentadas, como la México-Puebla, que en carreteras angostas con poca visibilidad y muchas curvas y sin acotamientos, como la Oaxaca-Puerto Escondido, por el simple hecho que las primeras permiten ir más rápido: permiten tomar más riesgos.
Sin contar que estas leyes disminuyen el uso de las bicis como medio de transporte por que hacen ver al ciclismo como más peligroso y engorroso de lo que es en realidad.

Este artículo de The Guardian es de lo mejorcito que he leído al respecto, y como no nos gusta leer, aquí el video que lo resume muy claramente:

Los de Pro Bici nos hicieron el favor de ponerle subtítulos en español.

No estoy diciendo que no usen casco, no estoy diciendo que no sirva; ¡úsenlo si gustan, y sobre todo si apenas empiezan a rodar—o para niños pues estos además de tener menor coordinación y dominio corporal, tienen mayor tendencia a caer de cabeza; por simple fisonomía el peso está más cargado hacia la parte superior del cuerpo cuando uno es niño… y niña, y niñe y niñx! Por supuesto ayuda en caídas normales, o en la montaña, solamente digo (¡no lo digo yo, lo dicen los estudios, lo dice la ciencia!) que no deberá ser jamás obligatorio y mucho menos argumento (falacia, de hecho) en accidentes.
Personalmente en ciclismo deportivo lo uso en la enorme mayoría de las ocasiones, pues mi estilo de rodar cuando voy a darle es agresivo, brincando baches y banquetas con bunny-hops, derrapando cuando se puede aprovechando la grava y tierra, y frenando como solo permiten los frenos de disco. En ciclismo de transporte es al revés, es rarísimo que me ponga el casco, pues voy paseando a promedio 8km/h menos que haciendo ejercicio, mucho más tranquilo. En la montaña siempre uso el casco pues la probabilidad de caerme es mucho mayor—aunque, también demostrado, la probabilidad de sufrir daño grave es menor que en la ciudad.

  • La creación de ciclocarriles y ciclovías.

Está muy bien en teoría crear carriles confinados para bicicletas, pero en países sin educación vial como el nuestro lo único que logran es segregar, pues ahora los automovilistas piensan que las bicis solamente deben circular sobre las mencionadas y si sucede cualquier accidente pues “es culpa del ciclista que no iba en su carril”.
No es raro leer comentarios como “primero jode y jode con que quieren ciclovías, y luego no las usan”, o bien—y esto lo he escuchado de ciclistas—“ahí está la ciclovía, es estúpido no usarla”. ¿Cuántas veces no nos hemos enterado de algún famoso retrasado que opina que a los ciclistas hay que matarlos, por el mal percibido hecho que la infraestructura ciclista le roba espacio al rey automóvil? ¡De por sí ya los automovilistas creían que el ciclista solo debe ir en el carril de extrema derecha!

La realidad es que las bicis pueden—por ley—circular sobre cualquier calle a menos que este expresamente prohibido, por ejemplo sobre Viaducto en CDMX está prohibida su circulación. Las bicis pueden ocupar el carril derecho en general, y centrales o el izquierdo para rebasar o dar la vuelta sin ningún problema.

Debemos—como automovilistas—entender que las biclas tienen todo el derecho del mundo de andar en las calles. Más aún, deberíamos darle las gracias a cada ciclista que veamos, pues cada bici equivale a un auto menos frente a ti en el tráfico, pero somos tan tontos y egoístas que no vemos más allá de nuestro cofre. Por si fuera poco, en trayectos de por ahí de 10km y que involucren pocas vías rápidas, las bicis llegan antes que los autos, así que ¿para qué tanta prisa en rebasar al pobre ciclista que te volverá a pasar al primer semáforo?

Apenas platicando con un viejo que de casualidad es la persona que peor maneja que yo haya conocido en mi vida, mencionaba que iba a estar muy difícil que nos acostumbráramos a los nuevos topes / pasos peatonales inteligentes. Aquí en Puebla han puesto algunos topes gigantescos  que sirven literalmente como banquetas para paso de peatones en vez de semáforos, esto es, es imposible no verlos, sentirlos, frenarse ante ellos, y le cuestioné el porque. ¿Por qué va a estar difícil acostumbrarnos a esas madresotas? ¡Es imposible no respetarlas!
No supo que responder. Todo es cuestión de mentalidad. Invariablemente en esos topes (yo cruzo el de plaza La Noria cada que voy a hacer ejercicio rodando), tengo que ayudar a peatones a cruzar, pues los pobrecitos están esperando que gente como este viejo que menciono “se acostumbren” y les den el paso.
Y también, hay que ser justos, más recientemente platicando en una cena con amigos de mi edad, 4 de ellos (dos parejas de matrimonios) opinaban que el peatón es primero y debemos respetarlo, y que esos pasos estaban geniales, y son automovilistas de toda la vida. ¡Me dio tanto gusto como enojo el primer caso!

Hay que contar además que las ciclovías Poblanas son en general pésimas: las elevadas solamente sirven para pasear y hacer ejercicio, pues tienen pendientes tan pronunciadas que la gente que va a su trabajo en bicis no de última o sin condición física considerable, no van a subir del diario, y aumentan el recorrido al ser sinuosas. Y el gasto para hacerlas fue un literal robo del gobierno morenovallista, ¡cinco veces más caras—y como 10 veces peores—que las de CDMX!. Y las que están a nivel de piso pues un poquito mejor, pero no mucho pues son angostísimas y con trabajos cabe una sola bicicleta, esto cuando no tienen bolardos de concreto tan grandes que hay que irlos esquivando, o cuando no están invadidas por el ambulantaje. La de la 4 poniente—que diseñó Emmanuel—tiene hasta buffer considerando que los autos abran sus puertas, tiene carril para estacionar autos, y es de las mejores en Puebla.
Ah, ¿no han visto el puente que construyeron que dejó inutilizable una ciclovía? Así nos las gastamos en Pueblita papaws.

  • El transporte público.

En Puebla se creó una copia barata del metrobús de CDMX (barata por que los camiones son muy pequeños e insuficientes, y las estaciones horribles), el RUTA, que según un estudio de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad, y todo aquel que lo ha usado, es el peor sistema de transporte del país, y se hizo con la promesa de eliminar por completo el demás transporte público (combis, micros y camiones) de las calles y avenidas sobre las que pasaría. En la 11, avenida sobre la cual fue atropellado Emmanuel, siguen circulando estos otros transportes públicos y uno de ellos fue quien lo mató. Un chamaco de 19 años en un camión de esos gigantescos que tan seguramente iba echando carreritas o corriendo por la cuenta, que se pasó el alto.

Tan culpable es él, como nuestras autoridades que continúan permitiendo, quien $abe porque, la circulación que prometieron eliminarían.

  • El peligro de ciertas calles.

Es cierto, la 11 Norte-Sur es una de las calles más peligrosas de Puebla para rodar, si no es que la más junto con Circuito Juan Pablo II a la altura de Prados Agua Azul. Hay siempre mucho tráfico, hay nulo espacio lateral pues solo caben los dos carriles de autos y el de RUTA; yo procuro jamás utilizarla, o bien utilizarla sobre el carril de RUTA, que es mucho más seguro pues a la velocidad de bici normal se va más rápido que el metrobús, y siempre se alcanza al de adelante y hay buen tiempo para quitarse si viene el de atrás (las cuadras son pequeñas), y en definitiva es mucho mejor ir por ahí.
Cuando voy a rodar a Los Fuertes siempre uso este carril, y de regreso me enojo sin falla porque alcanzo al RUTA y tengo que ir a su lentísima velocidad… o bajarme a los carriles de autos sin espacio lateral y arriesgar mi vida.

Pero es que Emmanuel venía sobre la 4 Poniente, sobre el ciclocarril que él diseñó, y cruzaba tranquilamente la 11 cuando el camión se pasó el alto. Lo aventó y arrastró tan lejos que muchos originalmente pensamos (por las fotos) que había ido circulando sobre la 11 y a media calle.

Como ciclista responsable, uno también debe buscar alternativas a calles peligrosas o avenidas principales, pero si viene uno sobre ciclocarril, y alguien se pasa el alto, poco se puede hacer. Casco o no casco.

:'(

Cualquier muerte así es trágica y no debería suceder; la de Emmanuel es particularmente chocante pues era de los principales activistas en bici en la ciudad, inició las Vías Recreativas en Puebla, llevaba Movilidad Municipal, él mismo diseñó el ciclocarril sobre el que circulaba cuando lo atropellaron, caray, cuando murió ¡iba a su trabajo en bici!

¿Qué podemos hacer? Pues todos podemos hacer algo, siempre, y para empezar basta con entender que las calles no son solo de los autos, que los autos son los menos y las ciudades deben ser diseñadas para el peatón, que las bicis disminuyen el tráfico, que van más rápido que los coches, que no cuesta nada ir cuidando a los ciclistas y peatones, que los semáforos deben ser respetados, ¡obedecer el reglamento de tránsito! Puedes empezar, Poblano, por usar tus direccionales; no gastan gasolina.

Se realizó, realizamos, una rodada para colocar la bici blanca de Emmanuel, fue mucha más gente de la que yo esperaba, es realmente sobrecogedor escuchar tanto timbre de bici cuando es por una tragedia así, fue una rodada muy emotiva. Aquí un par de transmisiones en vivo, 1 y 2, para que se den una idea de como estuvo.

¿Servirá de algo su muerte? Esta es la pregunta que los distintos colectivos y familiares le repiten a la Presidente Municipal y demás autoridades.

No hay que olvidar que ¡andar en bicicleta es hermoso y NO es peligroso! Lo peligroso son las opiniones poco informadas.
Hay pocas cosas en la vida que te pueden hacer tan feliz. Cuando trabajé en la SCT en DF era un martirio llegar al trabajo, había que pararse temprano y sufrir un maldito tráfico infernal, sin falta llegaba de malas, y encima aún me faltaba el regreso. Sin contar encontrar estacionamiento y rogar por que no se robaran nada (una vez me robaron el estéreo, sin carátula, esa no la encontraron). Irse en metro era imposible, así, simplemente imposible, tenía que pararme una hora antes para poder abordar, absurdo. Total, me decidí a comprar una bici y probar, fue el proverbial santo remedio: me paraba más tarde, llegaba más rápido que en coche y transporte público ¡comprobado! y nunca llegaba de malas. Hacía primero 10km al día y luego 20km cuando me cambiaron de oficina.

Y esto es de transporte; andar en bici de forma recreativa es divertirse como enano, para esto sí que sirven y mucho las ciclovías elevadas Poblanas, ir a la montaña con amigos y demás fans del ciclismo también es sumamente agradable. Rodar solito durante horas a las cascadas y lagos locales no tiene comparación con nada: aquí narro cuando fui a las cascadas de San Agustín Ahuehuetla, y aquí a Los Ahuehuetes Tepeojuma.

En fin, una pena, una tragedia, ojalá ya no sucediera más… Ojalá su muerte sirva.

Si son ciclistas en Puebla, y usan Twitter, denle a Rodadas Puebla (que por cierto ya requiere nueva imagen) ahí procuramos informar de rodadas y eventos ciclistas (y tragedias, infortunadamente) locales.

En bici a Los Ahuehuetes Tepeojuma

[Tiempo de lectura 3 m]

En bici a Los Ahuehuetes Tepeojuma

Los Ahuehuetes Tepeojuma.

Los Ahuehuetes Tepeojuma.

Está súper de moda el balneario natural Los Ahuehuetes, entre Atlixco e Izúcar de Matamoros, y desde cuando quería hacer el recorrido en bicicleta, pero como de regreso son 60km de pura subida, decidí esperar a que fuéramos varios en camioneta y así poder regresar sin problemas. Así que solo hice el viaje de ida:

¿Qué necesitas?

  • Bicicleta en excelente estado. No querrás que algún balero se rompa a medio camino en medio de la nada, así que asegúrate que tu bici ande a la perfección. Ojo, jamás emprender un viaje largo al siguiente día de haberle dado mantenimiento, algo pudo haber quedado mal y es mejor enterarse cerca de casa.
  • Parches y bomba de aire, incluso una cámara de refacción.
  • Casco, ¡dah!
  • Agua, yo uso una botella de creo 750ml y la voy rellenando en las tienditas del camino. En este caso al ser solo 60km y casi todo de bajada, es más que suficiente.
  • Navaja, herramientas básicas de tu bici.
  • Teléfono celular con crédito. Ten en cuenta que pasando Tepeojuma ya no hay señal.
  • Identificación y alguna tarjeta con números de emergencia.
  • Cambio de ropa para el regreso, traje de baño para las cascadas.
  • La comida es opcional, pues siempre puedes comer en algún pueblo, y se supone que ahí venden memelas, y si no, puedes comer en Tepeojuma.
  • Planea con anticipación tu ruta usando Google Maps, por ejemplo. Pregunta a quien ya haya ido, trata de memorizar lo principal, como en donde hay que cambiar de carretera, ya se sabe que solo las ciudades son territorio Telcel y nada te garantiza que haya señal y puedas checar el mapa en el camino (con Google Maps puedes descargarlo de antemano).
  • Creo que sobra decir que una buena condición física es obligatoria, y previa experiencia en rodadas largas.

*Ojo, estos requerimientos son solo para el viaje de ida.

El viaje
Partí a las 7am, quedamos de vernos allá a las 10am, según Google Maps haría 2h48m y en eso basamos el cálculo; en auto es una hora.

La ruta es muy sencilla, hay que tomar la federal a Atlixco, después hacia Izúcar de Matamoros, y derecho hasta llegar a Tepeojuma, que está pasando Las Calandrias, Plaza de Piedra, y no hay pierde porque la señalética de la carretera es muy buena.

En Tepeojuma se puede descansar un rato, en su zócalo y fuente, e incluso comer una memela ahí mismo.

Al llegar a Tepeojuma hay que tomar a la izquierda por Av. Zaragoza y a la derecha en la siguiente Y. Todo es carretera hasta un poquito antes de Los Ahuehuetes, que se convierte en terracería. Solo hay que tener cuidado cuando inicia la terracería pues la primera curva en particular se llena de lodo en temporada de lluvias.

Después de un tramo bastante corto de terracería, está el balniario (sic) Los Ahuehuetes. Es un terreno bastante grande bardeado que incluye tres albercas, una con toboganes, otra con una pequeña cascada, y el mini lago entre varios ahuehuetes gigantescos. El agua está templada, muy rica, el clima es excelente, puedes llevar anafre/asador, se supone que venden memelas pero ese día no fue la floja memelera, y venden también cervezas preparadas.

Infortunadamente nos tocaron unos pinches nacos chacas que llevaban una bocina del tamaño de un microbús… Ya se sabe que en México el respeto ajeno no se nos da, de ahí en fuera todo genial.

Dice Endomondo que hice 61km en 2h42m a 25.4km/h, 340m de ascenso y 962m de descenso. Pensándolo bien, yo creo el regreso no está taaan duro, por ejemplo desde las cascadas de San Agustín Ahuehuetla si es muy pesado porque es muy empinado, aquí realmente son subidas muy tendidas; de Los Ahuehuetes a Tepeojuma está leve, de Tepeojuma a Plaza de Piedra es subida tendida muy larga y ya la he hecho. De Plaza de Piedra a Puebla por la federal también la he hecho… Yo creo unas 3:30 a 4h, pero si se puede, veremos para la próxima.

¡Qué tengan una buena rodada!

Y denle follow a @RodadasPuebla, es una cuenta que trata de avisar sobre todas las rodadas en Puebla y alrededores.

En bici a las Cascadas de San Agustín Ahuehuetla

[Tiempo de lectura 7 m]

Este es un post un poco largo y con muchas imágenes que -espero- les resulten agradables, creo que valen la pena.

En bici a las Cascadas de San Agustín Ahuehuetla

Se han puesto muy de moda las cascadas de San Agustín Ahuehuetla en Puebla, incrustadas a medio cerro, con sus aguas frías y cristalinas, alejadas de la puerca civilización. Yo, como todo ciclista que se precie (no, ustedes que se bajan en las subiditas del lineal no cuentan 😉 ), desdeñé irme en automóvil / transporte público y me lancé en mi bici, y aquí les comparto mi experiencia:

Cascadas de San Agustín Ahuehuetla.

Cascadas de San Agustín Ahuehuetla.

¿Qué necesitas?

  • Bicicleta en excelente estado. No querrás que algún balero se rompa a medio camino en medio de la nada, así que asegúrate que tu bici ande a la perfección. Ojo, jamás emprender un viaje largo al siguiente día de haberle dado mantenimiento, algo pudo haber quedado mal y es mejor enterarse cerca de casa.
  • Parches y bomba de aire, incluso una cámara de refacción.
  • Casco, ¡dah!
  • Luces de seguridad pues al ser muchos kilómetros es muy probable que regreses ya noche.
  • Agua, yo uso una botella de creo 750ml y la voy rellenando en las tienditas del camino.
  • Navaja, herramientas básicas de tu bici.
  • Teléfono celular con crédito.
  • Identificación y alguna tarjeta con números de emergencia.
  • Sudadera para el regreso, traje de baño para las cascadas.
  • La comida es opcional, pues siempre puedes comer en algún pueblo, yo llevé un par de sándwiches.
  • Planea con anticipación tu ruta usando Google Maps, por ejemplo. Pregunta a quien ya haya ido, trata de memorizar lo principal, como en donde hay que cambiar de carretera, ya se sabe que solo las ciudades son territorio Telcel y nada te garantiza que haya señal y puedas checar el mapa en el camino (con Google Maps puedes descargarlo de antemano).
  • Creo que sobra decir que una buena condición física es obligatoria, y previa experiencia en rodadas largas (si crees las subiditas del Parque Lineal / Estrella de Puebla son pesadas y si jamás has hecho mínimo 4h en la bici -no, spinning ni cuenta ni sirve- no vas a poder con esto).

Lo primero digno de mención es la presa de Valsequillo, que tuve que cruzar vía la famosísima panga, que cuesta cero pesos para bicicletas y toma muy poco tiempo. La gente te ve con cierta fascinación pues ellos hacen cola en sus automóviles.

De ahí hay que terminar de cruzar San Baltazar Tetela y seguir rumbo a El Ahuacate y Huehuetlán el Grande, no hay mucho pierde y si tienes dudas pregunta a los locales.

Una vez en El Ahuacate deberás tomar rumbo a Atlapulco.

Pasando El Aguacate, rumbo a Atlapulco, debes estar atento a una desviación de terracería, que tampoco está tan complicada pues está bajando unas curvas y es la única que hay, además hay una parada de autobús de piedra ahí mismo, es muy evidente. Debes tomar ese camino hacia la izquierda y seguir un buen tramo por terracería hacia San Agustín Ahuehuetla.

El camino hasta ahora muy bien, carreteras federales muy poco transitadas, mucho calor, verdor, frescura y el olor de las montañas. Sin ningún problema.

Las curvas de bajada hacia la desviación de terracería son muy rápidas, 60km/h sin darte cuenta en bicicleta de montaña. Hay que tener bastante precaución por que son dos carriles angostos y por la vegetación son curvas ciegas.

El camino de terracería tampoco está tan mal, pero si está empinado y aquí es donde empezaba a preocuparme un poco por el regreso.

San Agustín Ahuehuetla es un pueblito muy pequeño, de hecho ni siquiera le tomé fotos. Allí creo cometí un error pues decidí continuar en bicicleta hasta las cascadas, y si bien ya era muy poca la distancia (menos de 4km), el camino en su mayor parte era intransitable para una bicicleta y en esas partes había que cargarla, lo cual es muy incómodo mientras vas brincando rocas y raíces enormes, cuidando también no caer al agua. La otra opción era dejarla con candado en las memelas de San Agustín, pero como iba solo no me pareció la mejor idea.

Pregunté en las memelas si iba bien y continué.

En el camino encontré a un grupo de jóvenes, 3 chicos y una chica, y platicamos un poco, eran visitantes asiduos y me aseguraron que ya faltaba muy poco. Muy sorprendidos que viniera desde Puebla.

En una tubería de agua potable alguien tuvo la brillante idea de poner un cáliz del que brota agua fresquísima; aproveché para enjuagarme el polvo del camino y el sudor, y rellenar mi botella.

Después del cáliz el camino se puso mucho peor y fue ahí donde prácticamente tuve que cargar mi bici todo el tiempo 🙁 pero valió la pena, el río empezaba a ensancharse y el agua a verse cada vez más verdi-azul.

Al fin, al llegar a las cascadas propiamente, una pareja de vendedores de memelas me recibió de la mejor manera: el esposo puso una Victoria helada en mis manos sin preguntarme nada. ¡Carajo!

Me tomé dos de un jalón, por supuesto. Me puse mi traje de baño (a la hora que llegué había casi nada de gente, dejé mi bici amarrada a un árbol y encargada con los vendedores y continué hacia la parte superior de las -ah, ¿no las he mencionado?- hermosísimas cascadas de San Agustín Ahuehuetla.

Las cascadas tienen 4 pozas, y obviamente la superior es en la que me iba a quedar yo. La subida no está complicada y bien vale la pena. Puse mis cosas en una piedra más o menos alejada de por donde llegaría toda la gente, y me metí a nadar justo junto a la cascada que cae a la poza de abajo… El agua estaba helada, pero como moría de calor y cansancio (hice 47km en 2h:51m de pedaleo, el tiempo total obviamente es mucho mayor pues cuenta semáforos, paradas en tiendas, etc, a 16km/h y 62km/h max) me cayó increíblemente bien.

La gente empezó a llegar, y como siempre muchos no se saben comportar: animaban a gritos a los de los clavados, pero en serio a gritos, como los simios incivilizados que son. Muy desagradable, pero bueno, yo odio al mundo. Entonces me pasé a la pequeña cascadita y el ruido del agua ya no me dejaba escuchar a la gente.

La chica del grupo que encontré intentó -sin ningún éxito- tirarse del risco. Yo la incité con señas varias veces ¡a ver a que hora! y solo se reía pero le daba miedo. Era una chica muy agradable.

Nadé más de dos horas y me hubiera quedado más tiempo si no fuera por que sabía que me esperaba todo el maldito regreso, una subida interminable hasta poco antes de la presa.

Había llegado otro grupo de chicos y chicas y ellas estaban bastante lindas, muy guapas, niñas bien, pero ni como hablarles: uno sin wingman que diga “haaaave you met Esteban?” y ellas acompañadas, pero cuando tomé mis cosas para irme, pasé junto a ellos y uno me saludó y preguntó si había llegado en bici y desde donde, “¿ven? ¡es el que rebasamos en la terracería!” (yo los volví a rebasar en lo que ellos iban a pie), los demás chicos y chicas asintieron sorprendidos y yo como buen torpe no supe como continuar la plática con ellas. Asentí y dije cualquier tontería en neandertal, les deseé un buen día y me fui.

Le pagué mis chelitas al vendedor, preparé mi bicicleta, me cambié por mis putishorts (así bautizó una chica Self a los shorts que uso para hacer ejercicio, ¡pura envidia!) de la bici y emprendí el dificultoso regreso.

El camino de terracería de regreso resultó peor de lo que pensaba, pesadísimo. De hecho en muchos tramos tuve que bajarme de la bici y caminar de tan empinado que estaba. Si lo aguantaba, pero tomaba en cuenta que me faltaba todo lo demás -que también es subida- y tenía que guardar fuerza y energía, y solo había comido mis dos sándwiches y mis dos chelitas.

Al llegar a la parada de autobús descansé un buen rato recuperándome, juré jamás repetir tamaña idiotez, y seguí hasta El Aguacate. ¿Recuerdan las curvas de bajada de 60hm/h? ¡Están mortales de subida! Pero al ser pavimento es mucho más sencillo. Me corté con una espina al acercarme mucho a una planta carretera.

Llegué a El Aguacate y me detuve en el prácticamente único restaurant carretero a comerme unas memelitas (venden guisos, moles, sopa…) y volví a encontrarme al grupo de chicos que encontré por El Cáliz… ¡Creo que la chica me estalqueaba! 😉 Me hice amigo de un gato.

Estaba tan cansado que pregunté si no había algún motelito por ahí; consideré seriamente pasar la noche e irme a Puebla al otro día, pero que no, que hasta Valsequillo. Así que me comí algunas memelas, tomé una coca y agua, descansé otro rato -no mucho, pues las nubes ya amenazaban mucho- y continué.

Después de ahí se empezó a nublar por completo y los paisajes resultantes fueron los más hermosos del camino.

Antes de San Baltazar se soltó el súper aguacero, tanto que tuve que pararme en un edificio abandonado en una intersección por que las gotas se sentían como alfileres, sin contar que venía bajando más rápido que los automóviles, esperé a que amainara un poquito y seguí -siempre lloviendo- hacia La Panga. La fila de autos era ridícula, monumental, y todos me veían como si estuviera por completo loco; yo los veía como si fueran por completo comunes. El piso de La Panga es de metal, así que es mejor bajarse de la bici con piso mojado. Crucé, dejó de llover, y llegué a Puebla sano y salvo, y a excelente ritmo, lo que me había matado era el sol y las subidas, después de atascarme de memelas y más agua estaba dándole muy bien a los pedales.

De regreso hice los mismos 47km pero en 3h:42m, a casi 13km/h y 60km/h max. ¡Lo pesado fue el kilómetro vertical de ascenso, 1094m según endomondo (1400 en total, ida y vuelta, según mi reloj)!

En total de pedaleo fueron 6h:33m, que se incrementa muchísimo pues endomondo no cuenta el tiempo muerto (así lo tengo configurado). Como les decía, si requiere cierta condición física.

En definitiva hice un genial viaje, lo pasé muy bien solo y lo volveré a hacer el año que viene en época de calor. Es algo que no puedo hacer demasiado seguido, e ir de nuevo al lineal/metropolitano resultó un poco deprimente, pero en fin, hay lo que hay.

¡Qué tengan una buena rodada! Y con gusto resolveré sus dudas en los comentarios.

En Pro de la Bicicleta

[Tiempo de lectura 4 m]

There and back again.

Tengo años rodando, y como está de moda, pues aquí algunos pensamientos aleatorios sobre ese gran invento humano:

Con el automóvil pierdes la dimensión real de una ciudad; si tienes la “fortuna” de vivir en el, digamos, “segundo cuadro” a unos 2-3km del Zócalo, el tamaño de tu ciudad es de tu casa al Zócalo y un poquito más.

Pero no es un círculo. Es una lombriz del ancho tan solo de las calles por las que pasas, y como preferimos usar avenidas, a veces vamos muy rápido para fijarnos bien.

No nos damos cuenta que hay partes de la ciudad a 16km del centro ¡casi 7 veces de tu casa al Zócalo!, y toda esa distancia está llena de ciudad ininterrumpida. Casas, negocios, escuelas, bancos, plazas comerciales…

Entonces, nuestra imagen mental de la ciudad, está compuesta por burbujitas de lo que visitamos regularmente: la burbuja del Zócalo y el centro histórico, tu colonia y una o dos pegadas donde está la tiendita o la memela que te gusta (por que al OXXO solo se va para la fiesta; para tu consumo personal siempre debes usar tiendita), la burbuja del “barrio” exclusivo de moda donde están todos los nuevos edificios y los mejores lugares, la burbujita de los antros, la de tu escuela, tu trabajo y unas muy pequeñas de las casas de tus amigos. Cholula y Atlixco son otras burbujas medianas.

Burbujas.

Conocemos conscientemente muy poco del tamaño real de nuestra ciudad, pero la bicicleta nos permite experimentar realmente el tamaño de nuestra ciudad.

Y esto lo digo por que la he cruzado, en bicicleta, hasta las Cholulas al oeste, San Baltazar Tetela al sur, al norte no hay nada (¿ven a que me refiero?) y hasta Amozoc al este, y de verdad es una mancha de concreto ininterrumpida. Casas y casas y colonias y gente y mercados y mugre y tráfico y gente por todos lados, y al ir a bajas velocidades y con la “cabeza de fuera”, se logra apreciar el recorrido.

Además, influye mucho que en bicicleta, uno cambia la ruta más o menos al azar por aburrimiento, pues no representa diferencia en tiempo. En bici acabamos conociendo a fondo donde vivimos, encontramos negocios y restaurantes que de otra manera jamás habríamos visto, encontramos mucho placer rodando por la ciudad.

De niño andaba en mi BMX blanca con acentos rojos y azules, que por alguna razón que me evade mi padre tuvo a bien ¿regalar?, rampábamos en el parque, echábamos carreritas, luego en la Benotto de carreras arena de mi abuelo.
En la prepa un compañero laboral de mi padre puso aquí en Puebla una tienda de bicis que ya no existe (Bic Ben, en plaza Crystal), y ¡me regaló una Benotto de montaña! Una Monterosa girs con craquelado blanco de acero que aún tengo y funciona muy bien. Con ella fui y vine de la universidad.

Benotto Monterosa

Benotto Monterosa

Trabajando en DF, nay, CDMX, me compré una Benotto Wild Cat y casi luego luego una Trek 4300 que, aunque no lo parezca en la foto, resultó muy superior a la Benotto. En esa Trek me la pasé yendo y viniendo del trabajo, primero 10 y luego 20km al día.

Trek 4300

Con esa Trek fue que me empecé a interesar por la parte mecánica, actualmente puedo construir una de piezas sobrantes 😉

La rode nueve años hasta que se rompió el cuadro (bajando el Popocatépetl a 50km/h), y Trek me la cambió por una 4900 más fregona gratis, ¡garantía de por vida!, que es la que a la fecha ando rodando.

Trek 4900

Trek 4900

Siempre, sin querer, he estado en pro del ciclismo no solo como entretenimiento, sino como medio de transporte: en la uni hacía menos tiempo en bici que el 3 Estrellas que tenía que tomar, en el trabajo hacía menos tiempo en bici que en transporte público o en mi auto, ¡medido!, actualmente escribo en @RodadasPuebla en la que se supone pretenden anunciar de cuanta rodada local haya, porque no había una cuenta así y uno como ciclista tiene que andar cazando a todos los colectivos por separado.

Considerando ejemplos como el de Rotterdam, resulta ofensivo que aquí nuestros gobernantes estén tan inútiles: acaban de remodelar la Av. Juárez, calle emblemática de Puebla si ha habido una, y ¡sin infraestructura ciclista! ¿Malicia? ¿Estupidez?

En fin, andar en bici ¡casi está de moda en Pueblita! Y eso es excelente por muchísimas razones, por ejemplo, querido automovilista, cada bicla que veas circulando en la calle es un auto menos frente a ti. Un auto menos en el tráfico. El tráfico no es; eres tu. Los coches.

Abre tu ventana y dale las gracias al ciclista.

Nadie es tan grande nunca como para no abrir los brazos y cerrar los ojos, por unos pocos metros aunque sea, y sentirse vivir de nuevo, sentir el aire en la cara, montando una bicicleta.

Ride or Die.

Rumbo a las cascadas de San Agustín Ahuehuetla.