Blade Runner: Love Scene

[Tiempo de lectura 2 m]

Everyone complains about the lack of chemistry between Ford and Young, thus they argue Deckard and Rachael’s love is forced, underacted and dull: It’s not.

They don’t love each other.

She knows he’s investigating replicants—that’s certainly the rumor on the nets—and she suspects she’s one. Imagine what it took to convince herself to go ask for his help.

Taffy Lewis – Blade Runner.

Picture the scene at Taffy Lewis’: he calls her… and comes across as a creepy stalker—at best.

So, overcoming her fears, she shows up after breaking on his apartment. He insists—in that she’s a sixus—and backs down when he realizes he’s being an idiot, but acting as if it were a tiring and difficult thing, because he’s actually bothered by her presence, her imposing on his routine.

Remember, Replicants are like any other machine; they’re either a benefit or a hazard, so she’s below human to him. Is this so difficult to grasp, must it be written down?

She’s a machine that looks like a gorgeous girl. He proceeds to abuse her a bit. She’s complaint.

Add that he’s frustrated and hates his life, he has no friends, he’s powerless before his ex-superiors, and hits clumsily and rather aggressively on any woman he gets to talk to—as evidenced.

He took the chance to have sex with a beautiful and willing skinjob. Hard.

Rachael - Blade Runner.

Rachael – Blade Runner.

You can even say she has anticipated the most probable possibilities, and assumed payment were most likely to be required. Of course, in this post mortem world, suggesting that would be the same as saying he raped her.

And there’s also another reason: you’re so used to chemistry in movie couples, that your brain falls utterly to grasp the concept of a much more realistic lack of chemistry between strangers on their positions.

I’ve always found their “love” scene quite correct.

One more kiss, dear.

Los Anillos y la Humanidad

[Tiempo de lectura 12 m]
Anillos varios.

Nine for Mortal Men doomed to die…

De niño me leía los Conan y los libros de Lobsang Rampa, Cartas de la Atlántida, Las Carrozas de los Dioses, junto a Verne, Twain, literatura universal, Sindbad y los cuentos de Sherezade… ¡Uff qué enciclopedia genial era El Nuevo Tesoro de la Juventud! Y ni se diga de Mundo Submarino, y otras que… bueno el post no va de las enciclopedias que leí de niño.

Bueno, gracias a esas lecturas (no las enciclopedias) y a mi abuelo materno, yo creía en el poder de los siete rayos, los signos zodiacales, la sabiduría milenaria, los maestros iluminados, los viajes astrales, Mu, Lemuria y la Atlántida.

Y, ¿por qué no, si era justo eso lo que leía? Era apenas un niño; ustedes, al contrario, no tienen pretexto para sus creencias paleolíticas. Liberarse de la religión es más fácil si se lee mucho desde niño. Uno se da cuenta lo pésima, mal pensada y peor escrita que es la biblia—cualquier libro sagrado—y va encontrando similitudes sospechosas por todos lados, sin contar que en cuanto se descubre el método científico, todo falla las pruebas más simples.

Además de los libros y cuentos, las películas ochenteras de aventuras eran una delicia. Los dioses del Olimpo, los heroicos semi dioses, las hermosas diosas y heroínas, stop-motion. Y por si fuera poco los libros de geografía y las revistas sacaban especiales de gemas y joyas parecía que cada semana. Las joyas eran—y jamás han dejado de serlo—algo raro y hermoso, fascinante, que nos habla en un nivel muy profundo.
Perdí una hermosa aguamarina, y aún conservo un pequeño rubí rosado que me regaló mi abuelo paterno; siempre quise una esmeralda.

Supongo hay cat-persons, dog-persons y ring-persons. Me han gustado desde que tengo memoria.

De mis primeros uno de esos apilables de pareja, en sterling (92.5% plata) mexicana, que compré en Guanajuato en el Cervantino, porque amigas, supongo, y otro me parece recordar de mujer desnuda. Se nos dice nacos, lo sé.

Luego tuve uno triple entrelazado prácticamente de alpaca o una plata muy chafa que se ponía amarilla. Igual uno martillado, misma plata “de Taxco” chafa. Aprendí que los anillos de plata decentes no estaban en los stands de las ferias y tianguis.

Después tuve algunos de colores de tejido plástico sintético, chillones con diseños geométricos en blanco, no feos, pero… plástico.

Mi difunta prima Jazmín me regaló—medio a regañadientes, y cuando estaba viva—uno de dos que se compró en Taxco, el feo obvio. Siempre me quedó enorme y en ningún dedo bien, y apenas hace unos meses en 2018 lo llevé a ajustar con Giovanni (¿Geovanni?) en Manos de la Tierra, que por cierto pan comido para él; es un orfebre nivel máximo.
Es algo muy sencillo, una banda tradicional angosta con estampado tipo sello, nada demasiado artesanal, y más bien genérico, y por ambas razones ni me lo pongo.

Anillo de plata con grecas.

El de Jaz :'(

Conocimos los Swatch Bijoux, anillos hermosos de acero inoxidable, de diseños muy pop y eye-candy y fashion, con la manufactura perfecta tan atractiva y satisfactoria que solo las máquinas pueden lograr, y con nombres absurdos y ridículos igual que sus relojes—Virility, válgame. El de grecas era del diario—no entiendo ahora como pudo gustarme algo así; no representa nada para mí, aunque ahora me entero el diseño es una greca griega (un meandro) muy tradicional. Aún lo tengo, y a la venta, tengo años de no usarlo. Era de la SCT.

El elegante—el Virility, ugh, del que también compré en su momento el brazalete—pues para salir de antro con la banda. Igual aún lo tengo y en excelente estado; nada fácil con un anillo de espejo. Dejé las fiestas fancies hace mucho, pero a final de cuentas aún existe porque shiny! Es sin duda el más superfluo, el más banal; es solo un adorno brillante.

Luego tuve uno que entonces me parecía hermoso y que me quedaba / representaba en su momento, o eso creía: en retrospectiva uno siempre ha sido en realidad como es ahora, y no entendemos mucho a nuestros selves pasados. Digo que uno igual Swatch de acero, una banda con pasta negra formando olas negras y plateadas: el mar. La pasta obvio al final se rompió de un pedazo.

La idea, esa conexión oceánica aún la tengo, siempre la he tenido, pero negro—pasta, plástico—con el plateado clínico, azulado, e inhumano del acero inoxidable, ahora considero ridículo y exagerado, poco realista—si acaso la joyería pueda ser realista. Así que lo vendí. Además en retrospectiva parece tribal y ugh.

Por ahí también compre un par de argollas de rodio (o chapadas en rodio, jamás supe) marca Nice, más bien para ayudarle a una conocida que vendía: eran bandas huecas (o daban toda la impresión de serlo), con un plateado grisáceo agradable, pero pues chafas sin más.

Anillo banda de rodio.

Así, pero de rodio; este es plata.

Dejé de usar anillos durante mucho tiempo, quizás de repente el elegante—pues lo nuestro era salir cada fin, o en alguna pasarela de Self Imagen—pero jamás dejé de buscar alguno que me gustara medio de reojo; el Swatch de grecas fue el último que usé en serio.

Años después, apenas de hecho en 2018, encontré uno en Tierra Madre, una joyería artesanal en la calle que da al callejón John Lennon en Puebla (la que no es de Geovanni), de latón y según plata (pero me parece que es muy impasible la aleación para ser plata—ciertamente que 925 no es, pero eso me preocupa muy poco, solo me gustaría saber exactamente qué es), que me gustó muchísimo y tuve que pedir en un tamaño adecuado. El latón va manchando los dedos conforme se usa, un par de capas de varnish de uñas hace el truco, pero temporalmente. Es engorroso, huele feo al inicio, y me hace evitar usar un anillo que me gusta mucho. También va opacando su hermoso brillo con cada uso y hay que limpiarlo ligeramente de nuevo; así son las aleaciones de cobre.

Los anillos en el fondo son solo conchas de mar, piedras encontradas al caminar. ¿Por qué desde antes de ser homo sapiens ya nos gustaba tanto la joyería?

Sí, antes que a algún sofisticado neandertal se le ocurriera amarrar y colgarse la primera piedra, concha, e inventara la joyería hace más de 100 mil años, eran justo las conchas y las piedras lo que los homínidos de antes guardábamos y valorábamos—recoger conchitas es aún una actividad obligada en la playa, y buscar por alguna piedra hermosa en el río, en la montaña, algún cuarzo en la gruta, una necesidad genética.

Las particularmente hermosas, representaban incluso tótems, eran talismanes contra el hostil e inexplicable mundo. Y, ¿por qué no?, usar su poder—un poder psicológico y social, que no físico—a nuestro beneficio e inventar la religión de paso fue una consecuencia natural.

Los anillos al ser una evolución de las joyas naturales más elementales—al ser más complejas y sofisticadas, pues—tienen el poder adicional, al de la protección de un amuleto quiero decir, de ser avatares de una faceta de su dueño—de su portador, en el sentido más literal; de una faceta de su vida.

Así, nos damos el lujo de asignarle un valor adicional, espiritual, a lo material. No sea que nos demos cuenta que en realidad simplemente nos gustan las cosas brillosas y bonitas, como los animales que somos; nunca nos ha gustado que nos recuerden de donde venimos. Los changuitos que quedan son lo suficientemente distintos a nosotros para haber librado nuestro exterminio, no como los otros homo—humanos.

Si nos esforzamos en asignar valor esotérico a lo superfluo, ¿no significa esto que en realidad el objeto tiene más valor que el material? ¿Para su usuario?

Hace como un mes, un artesano cubano que conozco me vendió uno de carey. No me enorgullece particularmente; el anillo es hermoso, eso sí. Pero es que para mí, el carey se ve a infancia, a las pulseras que mi madre y sus hermanas tenían; antes el carey era muy común.
El anillo del diario—pero auténtico—ideal.

Anillo de carey.

Anillo de carey.

Seguí buscando alguno, medio inconscientemente, y de repente con ganas de encontrar, nada fácil pues hay miles online; el problema es que entre tantas opciones encontrar uno que “te hable” no es tarea sencilla. Incluso mejor diseñé y dibujé uno—de olas de mar imitando un estilo japonés muy característico, basado en una raíz de árbol que mi hermana pintó—que algún día le daré a Geovanni para que me haga, igual le llevaré a engarzar mi rubí. Tal vez.

Ola de Hokusai de raíz.

Entonces, encontré de casualidad unos Otomanos hermosísimos, sacados sin ninguna duda directamente de lo Persa, Moro, Élfico, del medio oriente, de la ruta de la seda, de los palacios llenos de almohadas—y el mundo feminista y post-moderno me perdone—harems y… odaliscas, concubinas de vestidos vaporosos y joyas dignas de robar. Se ven en el las escafandras que usaban los buzos del Nautilus, y los barrocos trajes espaciales pre-plaga de antiguos ultranautas—steampunk victoriano.

Vi mil modelos, con mil diseños y filigranas y encajes, y cota de malla real, con aguamarinas, amatistas, ágatas, ónices, zafiros y su azul mar profundo en el que te pierdes con facilidad, ámbares y su calidez que huele a nuestros bosques y humanidad perdidos, esmeraldas que prenden con la luz del color de la espada láser de Luke en Jedi—en Return of the Jedi, obviamente—granates con su recubrimiento de “brillo innatural” sobre el rojo cereza de sus centros. Vi anillos que antes seguramente estuvieron en cofres del tesoro en Diablo y anteriores RPGs… y posteriores, en Dragon Age también. Vi anillos que de tener tantos, por fuerza le han robado al Rey Conan. Vi gemas que Lindenbrock cortó y pulió a partir de los cristales brutos que iban recogiendo en su descenso, que luego Axel pondría en los dedos de Gräuben. Vi esmeraldas que al fin algún ladrón logró—aún no se sabe como, pues se transformaban en piedra al abandonar el pantano—llevarse del Oráculo Esmeralda de Krull. Vi tres anillos para los Elfos, siete para los Enanos, y nueve para los mortales Hombres condenados a morir.

Quiero decir que encontré el anillo de un nerd real, uno que jugó noches interminables D&D—y aún conserva sus dados—que vio todas las películas y leyó todos los libros mientras jugaba y aprendía a hablar en Basic en la Commodore 64, que sabe porqué Tolkien es malísimo, Lovecraft bueno, y Matheson excelente, que le queda claro el problema actual de las películas y series es el de Superman II: The Richard Donner Cut. Uno que odia y ve con shock, incredulidad y desprecio la enorme mayoría de películas y series de fantasía y ciencia-ficción modernas. Y entiende y puede explicar el porqué, aunque sus interlocutores normalmente carezcan de las bases o el interés para seguir el hilo—porque plot y dei ex machina son suficientes para las masas que babean Marvel y Star Wars. Vaya, un Nerd, no la mariquez actual (¡todo es una mariquez actual!) del cool nerd que en realidad es un poser ignorante como un youtuber, que cree Stranger Things y Tarantino son cosas de nerds; un Nerd es una enciclopedia. Y ha leído varias completitas.

Después de una muy difícil selección por eliminación (la manera más fácil de seleccionar siempre es eliminar lo que menos te gusta), editar imágenes para comparar, y hasta pedir alguna opinión ajena y objetiva, que duró días, me decidí por este que tien/ ¡uff, se miraba una absoluta belleza, una literal joya!

Directo de Estambul—Bizancio, Constantinopla—Turquía (username checks out), resultó aún más hermoso de lo que asumí, superó todas mis expectativas.

Es una cosa digna de verse; una joya en todo el sentido de la palabra, una piedra hermosa, un amuleto y talismán, la prosopopeya de un nerd en un anillo, y la verdad es que estoy feliz como el niño chiquito que en el fondo soy—otra faceta—con mi asombroso anillo de esmeralda.

Después de usarlo unos días, está formado por dos hojas de filigrana soldadas (más la corona y gema—que más bien es zirconia cúbica), que resultan obviamente mucho menos sustantivas que algo sólido, o con la filigrana descansando sobre algo sólido, y se dobla y abolla muy fácilmente; cualquier caída sería su ruina. Además que a pesar de lo que el vendedor me dijo, más bien es talla 10, está raro por que por su forma queda muy bien y no se cae, pero las medidas dicen otra cosa. En fin, que aún estoy dentro del tiempo de devolución sin costo y lo sigo evaluando.

Justo después compré uno de bronze y plata, esmeraldas y zirconias, que supuestamente sustituiría al Otomano cuando lo devolviese, pero resultó además de latón y zirconias cúbicas (que, insisto, el material no importa, el latón es igual al bronce excepto en color, las zirconias brillan casi tanto como un diamante y son usadas para remplazarlos con regularidad), una talla más grande y la verdad es que se ve bastante peor que en las fotos originales; afortunadamente lo de la talla y pude devolverlo sin problema. De Turquía también.

Compré ese porque ganó entre otro de plata tallada, igual Turco, todos Turcos, con motivo floral que hubiera mandado pedir desde antes, en vez del que no me quedó ni gustó. Veremos que tal cuando llegue.

¿El siguiente? Quizás uno de galaxias espirales (si me conoces dirás “¡obvio!“) o uno realizado a partir de una moneda, una rupia de plata hindú. Ya todos saben la importancia de las rupias… en los videojuegos, ¿cierto? Aunque el de la rupia si me pareció algo caro en 2 mil pesos; por otro lado, hacer anillos a partir de monedas no es cosa sencilla. Aunque yo creo que ya ninguno, esto era antes de pedir el de piedritas que regresé, y el de plata tallada.

Tips para comprar anillos.

Artesanal > industrial.
No te compres uno a lo menso, ve otros, otros días. Recuerda que los anillos industriales, genéricos—anillos de mall—los puede comprar y de hecho los compra una cantidad enorme de gente, y al menos a mí tener algo que tienen todos no me interesa. No entiendo a esos que usan joyería súper fea y genérica, ya sea artesanal o industrial, ugh, ¿qué no ven la porquería mal hecha en la que tiraron su dinero?

Que te quede.
No solo de talla, sino que el diseño sea algo que tenga relación contigo. Colgarse algo solo por adorno, es solo un adorno banal y como ya dije, no está mal, pero tus piezas pueden tener significado ulterior para ti. Comprar un signo metalero de acero inoxidable chafa, solo dice de ti que eres joven e ignorante, mientras que un anillo de bambú con ámbar incrustado tiene más interpretaciones posibles.
De talla es preferible que quede algo suelto a muy justo.

Ser original es imposible; hay que ser auténticos entonces.

¿De qué material?
Las aleaciones de cobre—el latón y el bronce—manchan verduzco (cobre, duh) dependiendo tu PH pero más bien siempre manchan algo. Y van perdiendo el brillo a lo largo del día y más bien luego luego—se pueden pulir muy fácil a prácticamente espejo y se ven hermosas—pero el que manchen es importante. Estas aleaciones son las que han estado con nosotros el mayor tiempo, son metales pre-industriales, y por tanto más cercanos a nuestra humanidad perdida.
La plata 925 (llamada sterling) tiene menos plata (0.25% menos) que la 950, lo cual es ridículamente poco, así que no caigas por esa falacia. La 925 de hecho se desgasta menos y se mancha menos que la 950; resulta que la 950 al ser más plata es más suave y por tanto más fácil para los artesanos de trabajar y por eso ellos dicen que es mejor. La plata siempre tiene cobre y también mancha la piel un poco, sobre todo si está pavonada, y también pierde su brillo muy rápido, y aunque es igual facilísimo pulirla, ten en cuenta que cada pulida te llevas algunas capas atómicas y solo estás adelgazando innecesariamente tu pieza; si quieres algo que brille mucho dale al acero inoxidable, que al ser más duro pierde menos su brillo.

Con los de materiales orgánicos—madera, ámbar—hay que tener más cuidado pues son más frágiles, y de cualquier manera duran mucho menos que uno de metal.
Los de piedra—como jade—son particularmente de cuidado: se te caen una vez y adiós.

El material en realidad no importa mucho, siempre y cuando sea duradero. Considera además como se verá después de años de uso; uno hecho de alguno de los metales suaves, gastado e indentado, tiene más encanto que uno de acero inoxidable con desgaste similar: en el artesanal el desgaste es esperado y natural, en el industrial es una traición de nuestras factorías al fallar en permanecer perfecto por siempre. Es curioso, hace años pensaba lo contrario, que los de acero eran superiores precisamente por ser un metal más duradero.

¿Dónde comprar anillos?
Los stands de las ferias grandes, y no artesanales—esas que venden puras mexican chinaderas, que en español significa “basura para los gringos”—tienen invariablemente plata muy chafa. Mejor ve a una joyería artesanal en el centro de tu ciudad, o feria artesanal; si vives en destino turístico tendrás muchas más opciones. O cómprate uno en algún viaje: esto crea, fija más bien, un recuerdo muy fuerte—de se asume algo padre, aquella vez que fuimos a…—que experimentarás cada vez que veas el objeto.
El recuerdo será algo placentero hasta que, gracias a la pinche vida, se convertirá en doloroso. Asignar una ocasión a un objeto es un ejercicio mental de memoria muy útil.

El tamaño.
En general, deben quedarte justos pero no apretados, y de mañana aprietan más que de noche. Con anillos grandes y especialmente los que son más anchos y pesados de frente, es buena idea considerar medía talla más para incrementar la comodidad y usabilidad. El contra es que quedará ligeramente suelto y—dependiendo del diseño de cada anillo, obvio—se notará como movimiento de la pieza y te resultará algo preocupante, aún así es mejor acostumbrarse a un poco suelto (y media talla es menos de medio milímetro, no es suficiente para que el anillo se te salga), que sufrir un anillo grande y ligeramente apretado que resultará incomodísimo y casi nunca te pondrás. Probando es la única manera.

Hice este post por mi nuevo anillo, así que, ah, ¡el precio! La verdad es que bastante menos que lo que cualquiera pudiera imaginarse; de hecho hice la cuenta por curiosidad y mis anillos promedian menos de mil pesitos. Los Swatch han subido mucho de precio, incomprensible pues son producidos en masa y de acero, pero pues el odiado branding y mercadotecnia a fin de cuentas, contra lo que “realmente” representa la joyería, si hago el promedio con lo que me costaron en su momento, el promedio da poco más de 600; nada demasiado ostentoso, que es algo imperativo para mi, por mi forma de vestir, gusto personal, estilo, etc.

Life is Short; Play More

[Tiempo de lectura 3 m]

Adrift.

Why we play videogames? What are the reasons behind spending hours—our lives, some would say—in front of a monitor clicking and pointing?

I’ve been adrift at sea with Kara for days, starving. I’ve found the princess in another castle. When I was inducted Spectre… Earth was so proud. I fell in love with Liara, but felt terrible because I was always sidelooking at Tali. I traveled to Dantooine aboard the Ebon Hawk; those estates where something to behold—they have always reminded me of Asimov’s Solaria. Canderous the Mandalore regaled us with epic—truly—war stories while walking through the pharaohnic ruins of Korriban. I was dwarfed and sick in the Cathedral of Flesh… My sickness was an eye opener. I felt proud in bringing down a Shivan Juggernaut, sacrificing myself so others could escape. I photographed exotic species that were beyond the homely ones. Spent geologic ages trapped in Montezuma’s labyrinth. I traveled the surface of the moon firing at enemy ships, evading craters. I held Marle’s hand through time, assassinated Kunitoki, the evil shogun, learnt the Alltongue to be understood in Arcadia, hidden in lockers through Sevastopol thinking of her… marveled at the space jockey through the narration of someone I knew… Debated myself between throwing a nuke at those degenerates—mankind—or not, almost right after leaving my shelter.

I was beaten thoroughly in the ’69 F1 season; those Ferrari 12cil beasts breezed through. Left that otherwordly papaya McLaren F1 in favor of the ultra-handleable High Stakes 911, I showed those fat left-turning gringos what it meant to race, and always fell off the road of the rainbow; had some truly epic pixel-finishes on the haunted track… Our best ending ever was, we were only two players left in the field—and a few NPCs of course. I shot the rebel scum of his sniper with mine, and me and my team screamed in joy over restoring Imperial Law over the Galaxy… only to watch those idiots screaming in too much of a similar manner. We watched the screens; I did killed him, but he did me also. We were elated. Were, because in the ’90s and ’00s, lan-parties were in real life.

And that is not even counting the sights I’ve seen, the glorious landscapes, all manner of post apocalyptic, underwater scenes, suffered several nuclear winters, saw the sea in all its colors, the cities of old Cimeria and Middle Earth, the underwater palace of Mu, the Arabian-like baths in another world, unnamable, unknowable and unrememberable places. The creatures I’ve encountered. Not even counting the… personages I’ve met.

I’ve woken in strange realms. I experienced a bit of what it felt to become an Ultra in the cavernous Armstrong, swamped for months in the Kingdom of Ehb. Stayed a while and listened, restoring sanctity to Tristram while avenging your death. Sent my Terminator Class Space Marines, in His name against the heretics… I fell short of my namesakes, Arthur and Asimov; the cultists of the necromorphs beat me. I was a spook, a Stranger back in the late ’20s hunting the occult with Papa Midnite at my back.

“A reader lives a thousand lives before he dies, said Jojen. The man who never reads lives only one.”
― George R.R. Martin, A Dance with Dragons.

As with books, videogames let you wonder, space-out. Learn and enjoy. A movie is static, it never changes—actually, it does change but for the worse; as you grow older and more critic, the movie loses—as much as you like it, even more so in these days where senile director’s come up with novel ways to ruin their previous works. Books are dynamic because the density of information is greater, and our memory is imperfect, our capacity to absorb a book in its totality, assuming a minimum of literary complexity, is low, so each read you find new things, much more so than movies. And videogames are dynamic, at least some—the RPGs, the Grand Game genre by definition, are.

So, to all who don’t understand why we play, those are the reasons. But, as with reading, you won’t get them until you experience it.

Oh, and don’t forget to always go right.

Explicación alterna del ‘lesbianismo’

[Tiempo de lectura 1 m

Lesbianas falsas.

¿Han notado la increíble cantidad de ‘lesbianas’ que andan por ahí?

Me refiero a adolescentes que no son homosexuales, pero que actúan como si lo fueran; las fotos con amigas agarrándose las nalgas o senos; besándose o haciendo como si se besaran (más bien sería lengüetearan); las poses cargadas de erotismo barato, siempre entre dos o más chicas…

Y esto es solo por mencionar nuestras redes sociales, voy a obviar los videos de las artistas y cantantes, películas, etc.

Bueno, es innegable que el ‘lesbianismo’ falso ha proliferado pero ¿por qué?

Se me ocurría el otro día que mucho puede tener que ver el hecho de que vivimos en una sociedad machista y paternalista en la que, al ser el macho el que goza de la posición privilegiada, los homosexuales hombres son muy mal vistos, pero las homosexuales mujeres no, ¡todo lo contrario! Pareciera que son ‘orilladas’ por la sociedad, o reducidas a adoptar actitudes que el machismo común encuentra placenteras; exhibirse hasta cierto punto para beneplácito del macho.

En fin, una idea nada más, estoy seguro que cualquier sociólogo la destrozaría inmediatamente.

Fotógrafos

[Tiempo de lectura 5 m]

Los fotógrafos son otra raza maldita que aqueja a la humanidad, gracias a sus múltiples variedades y humos elevados, le dan mal nombre a los que de verdad lo son.

El Fotógrafo de Sociales
El clásico que te toma fotos en la boda o xv años con los de tu mesa o tu pareja y dos horas después te trae varias, cada una peor que la anterior, de a 30 a 50 pesitos.

Este espécimen es el menos molesto de todos, generalmente es por que de verdad son gente chambeadora, le están jodiendo en altas horas de la madrugada para sacar una lana extra, escogen las fotos, van y vienen al laboratorio, etc.
Su producto es mediocre, casi siempre tienen cámaras muy básicas, y es difícil exigirles más con las prisas y el nulo control que tienen sobre la iluminación.
Ultimamente me han tocado de oídas algunos que les dicen a los invitados que ven con cámaras decentes que “Lo siento pero no pueden tomar fotos, soy el fotógrafo oficial del evento”. Esto se da cuando el paquete contratado incluye foto. Obviamente nada más fácil que mandarlos al carajo.
Su máxima evolución son los que trabajan para revistas de sociales, esas en las que “personas importantes de la sociedad” salen en las mismas fotos malas de siempre con pies como “MaryFer, Paola e Yvon, hijas del empresario Don Gustavo, en el cumpleaños de su sobrina Anita”, o también las fotos en los antros de moda.

Se consideran Fotógrafos Profesionales en toda forma, y lo son en realidad bajo la definición de que se dedican a eso y la mayoría de sus ingresos vienen de la fotografía.
Es imposible juzgar que tan buenos son hasta que no tomen otro tipo de fotos, o viendo sus fotoblogs personales (no tienen, no los conocen). Utilizan cámaras propias, de nivel de entrada a medio-bajo.

El Fotógrafo de Medio.
Desconocidos por la mayoría, son los que toman las fotos que ves en las revistas del corazón, guías de televisión, de espectáculos, conferencias de prensa, etc.

Estos son una verdadera plaga maldita, todos van “uniformados” con sus chalequitos ridículos con 10 bolsas en las que no guardan nada, son personas desaseadas y malolientes, lo cual es muy comprensible pues generalmente se mueven en transporte público y tienen varios eventos al día.
Le gritan a los artistas y personalidades a los que fotografían “Hey Rober voltea pa’ acá” a tipos como Robert Downey Jr, y cuando Mr. Iron Man no voltea: “pinchi culero pa’ qué vienes tons”.
Si alguna vez tienes la necesidad de verte envuelto en algún evento así, como fotógrafo, se entiende, te recomiendo que llegues al menos 30m antes del photoshoot, así apartarás tu lugar antes de que esta plaga decadente invada el recinto. Sobra decir que no abandones tu lugar para nada; como se conocen entre ellos, su “medio”, se apoyarán para ponerse en contra de quién se atreva a verlos feo.

También se consideran, y son, Fotógrafos Profesionales bajo la definición anterior. Igualmente no se sabe si sepan tomar buenas fotos. Utilizan cámaras de nivel medio a medio-alto, no son de ellos sino del “medio” del que vienen.

El Noveau-Fotographer.
El clásico joven con cámara nueva al que toda su familia le dice que “que bonitas fotos, mhijito” y que decidió dedicarse en parte a la fotografía, a hacer Ceciones Fotográficas.

No han estudiado nada de fotografía, usan sus cámaras en los modos automáticos, usan el “beep” del autoenfoque, y lo peor de todo: pululan.
Son los clásicos hipsters con iPods y cámaras al hombro que ves no en los lugares turísticos clásicos, sino junto a ellos, pues es muy “mainstream” tomarle fotos siempre a lo mismo.
Sus ángulos son imposibles y sus fotos súper-creativas, o eso creen ellos.

Son completamente inofensivos, casi siempre son muy jóvenes (recién entrando a la uni) y escuálidos y débiles.
No son fotógrafos profesionales, pues lo suyo es por amor al arte y o estudian o trabajan de otra cosa. Usan equipos propios, point and shoots medias a altas o DSLRs medias.

Alguno se dedicará después por completo a la fotografía.

El Pro.
El “Fulanito Artistic Photography”, el “Menganito Photographer Pro”, el “Mi marca Fotos Artísticas” y similares.

Esta raza maldita es de las peores, de entrada no saben hablar ni español y pretenden poner sus “títulos” en inglés; mal puestos obviamente. Siempre tendrán algo referente a lo Pro que son o a lo Artísticas que son sus imágenes.

Se sienten fotógrafos verdaderos. Son fotógrafos profesionales pues se dedican a eso, tienen páginas o fotoblogs o al menos facebooks para sus “marcas”. Pero no son fotógrafos verdaderos pues sus fotos siempre son la blanco y negro con el acento en color, el exceso de blur y glow en el retrato de alguna chica, el HDR malísimo de un paisaje… Ya saben el tipo de fotos de las que hablo.

Utilizan equipos propios medio-alto a alto.
Algunos, por puro tirar fotos, seguirán en el “medio” muchos años y otros pocos se harán un nombre.

El Fotógrafo de Corazón.
Siempre toma fotos, en todos lados, con cualquier tipo de cámara. Las publica por cuanta red social se cruza y todos lo ven siempre con la cámara al hombro.

Pueden ser confundidos con los hipsters, pero la diferencia es que los de corazón no se creen fotógrafos, si les preguntas o de plano dirán que no lo son, o que se dedican a eso pero se sienten incómodos con el título.
Otra diferencia es que tienen fotoblogs y además sus equipos son de mayor consistencia.

Son autodidactas, y tienen sólidos conocimientos técnicos, si bien tal vez sus fotos sean un poco “cuadradas”, pero eso es por que no son, ni se consideran artistas. Creen realmente que la fotografía y el fotógrafo están muy sobrevaluados.

Son inofensivos hasta que platican con otra especie y dicen cosas como “ya todos son fotógrafos” o bien “de los aquí presentes ninguno es más fotógrafo que el otro”.

Tienen equipos propios siempre de la serie semi-pro a pro, bajo el entendido que entre mejor el equipo, menor el retoque digital. Fans de visores al 100%.

El Pro de Verdad.
El ya conocido, fotógrafo de renombre, con estudio y equipo al por mayor. Precios caros y agenda llena.

Este, llegó a ser Pro en base a evolucionar de alguna de las especies menores, ya sea por técnica y aplicación, o bien (la mayoría) por simples muchos años de hacer lo mismo.

Le gustaba mucho tomar fotos, pero a base de tomar tantas ha perdido el “feeling” y sus fotos son siempre las mismas, peor por que son siempre las mismas de quinceañeras con el fondo editado de una fuente, un bosque, un glow angelical.

Se anuncian por donde pueden, y pueden en muchos lugares pues ya lo pueden solventar. Las demás especies los miran con odio/envidia/celos: Envidia por que ya quisieran todos el equipo que usan, Odio por que nadie quiere convertirse en ellos y tomar tanta foto tan mala, Celos por que en el fondo todos creen tomar mejores fotos que cualquier otro, y por qué aquel va a ser más famoso que yo cuando no tira nada.

Pues ya, tenía mucho de no escribir algo medianamente decente, y esto lo pongo por que últimamente la fotografía ha representado ingresos importantes para mi, trabajo en ello hasta cierto punto, y quiero evitar al máximo caer en cualquiera de estas razas malditas.