Los Anillos y la Humanidad

[Tiempo de lectura 12 m]
Anillos varios.

Nine for Mortal Men doomed to die…

De niño me leía los Conan y los libros de Lobsang Rampa, Cartas de la Atlántida, Las Carrozas de los Dioses, junto a Verne, Twain, literatura universal, Sindbad y los cuentos de Sherezade… ¡Uff qué enciclopedia genial era El Nuevo Tesoro de la Juventud! Y ni se diga de Mundo Submarino, y otras que… bueno el post no va de las enciclopedias que leí de niño.

Bueno, gracias a esas lecturas (no las enciclopedias) y a mi abuelo materno, yo creía en el poder de los siete rayos, los signos zodiacales, la sabiduría milenaria, los maestros iluminados, los viajes astrales, Mu, Lemuria y la Atlántida.

Y, ¿por qué no, si era justo eso lo que leía? Era apenas un niño; ustedes, al contrario, no tienen pretexto para sus creencias paleolíticas. Liberarse de la religión es más fácil si se lee mucho desde niño. Uno se da cuenta lo pésima, mal pensada y peor escrita que es la biblia—cualquier libro sagrado—y va encontrando similitudes sospechosas por todos lados, sin contar que en cuanto se descubre el método científico, todo falla las pruebas más simples.

Además de los libros y cuentos, las películas ochenteras de aventuras eran una delicia. Los dioses del Olimpo, los heroicos semi dioses, las hermosas diosas y heroínas, stop-motion. Y por si fuera poco los libros de geografía y las revistas sacaban especiales de gemas y joyas parecía que cada semana. Las joyas eran—y jamás han dejado de serlo—algo raro y hermoso, fascinante, que nos habla en un nivel muy profundo.
Perdí una hermosa aguamarina, y aún conservo un pequeño rubí rosado que me regaló mi abuelo paterno; siempre quise una esmeralda.

Supongo hay cat-persons, dog-persons y ring-persons. Me han gustado desde que tengo memoria.

De mis primeros uno de esos apilables de pareja, en sterling (92.5% plata) mexicana, que compré en Guanajuato en el Cervantino, porque amigas, supongo, y otro me parece recordar de mujer desnuda. Se nos dice nacos, lo sé.

Luego tuve uno triple entrelazado prácticamente de alpaca o una plata muy chafa que se ponía amarilla. Igual uno martillado, misma plata “de Taxco” chafa. Aprendí que los anillos de plata decentes no estaban en los stands de las ferias y tianguis.

Después tuve algunos de colores de tejido plástico sintético, chillones con diseños geométricos en blanco, no feos, pero… plástico.

Mi difunta prima Jazmín me regaló—medio a regañadientes, y cuando estaba viva—uno de dos que se compró en Taxco, el feo obvio. Siempre me quedó enorme y en ningún dedo bien, y apenas hace unos meses en 2018 lo llevé a ajustar con Giovanni (¿Geovanni?) en Manos de la Tierra, que por cierto pan comido para él; es un orfebre nivel máximo.
Es algo muy sencillo, una banda tradicional angosta con estampado tipo sello, nada demasiado artesanal, y más bien genérico, y por ambas razones ni me lo pongo.

Anillo de plata con grecas.

El de Jaz :'(

Conocimos los Swatch Bijoux, anillos hermosos de acero inoxidable, de diseños muy pop y eye-candy y fashion, con la manufactura perfecta tan atractiva y satisfactoria que solo las máquinas pueden lograr, y con nombres absurdos y ridículos igual que sus relojes—Virility, válgame. El de grecas era del diario—no entiendo ahora como pudo gustarme algo así; no representa nada para mí, aunque ahora me entero el diseño es una greca griega (un meandro) muy tradicional. Aún lo tengo, y a la venta, tengo años de no usarlo. Era de la SCT.

El elegante—el Virility, ugh, del que también compré en su momento el brazalete—pues para salir de antro con la banda. Igual aún lo tengo y en excelente estado; nada fácil con un anillo de espejo. Dejé las fiestas fancies hace mucho, pero a final de cuentas aún existe porque shiny! Es sin duda el más superfluo, el más banal; es solo un adorno brillante.

Luego tuve uno que entonces me parecía hermoso y que me quedaba / representaba en su momento, o eso creía: en retrospectiva uno siempre ha sido en realidad como es ahora, y no entendemos mucho a nuestros selves pasados. Digo que uno igual Swatch de acero, una banda con pasta negra formando olas negras y plateadas: el mar. La pasta obvio al final se rompió de un pedazo.

La idea, esa conexión oceánica aún la tengo, siempre la he tenido, pero negro—pasta, plástico—con el plateado clínico, azulado, e inhumano del acero inoxidable, ahora considero ridículo y exagerado, poco realista—si acaso la joyería pueda ser realista. Así que lo vendí. Además en retrospectiva parece tribal y ugh.

Por ahí también compre un par de argollas de rodio (o chapadas en rodio, jamás supe) marca Nice, más bien para ayudarle a una conocida que vendía: eran bandas huecas (o daban toda la impresión de serlo), con un plateado grisáceo agradable, pero pues chafas sin más.

Anillo banda de rodio.

Así, pero de rodio; este es plata.

Dejé de usar anillos durante mucho tiempo, quizás de repente el elegante—pues lo nuestro era salir cada fin, o en alguna pasarela de Self Imagen—pero jamás dejé de buscar alguno que me gustara medio de reojo; el Swatch de grecas fue el último que usé en serio.

Años después, apenas de hecho en 2018, encontré uno en Tierra Madre, una joyería artesanal en la calle que da al callejón John Lennon en Puebla (la que no es de Geovanni), de latón y según plata (pero me parece que es muy impasible la aleación para ser plata—ciertamente que 925 no es, pero eso me preocupa muy poco, solo me gustaría saber exactamente qué es), que me gustó muchísimo y tuve que pedir en un tamaño adecuado. El latón va manchando los dedos conforme se usa, un par de capas de varnish de uñas hace el truco, pero temporalmente. Es engorroso, huele feo al inicio, y me hace evitar usar un anillo que me gusta mucho. También va opacando su hermoso brillo con cada uso y hay que limpiarlo ligeramente de nuevo; así son las aleaciones de cobre.

Los anillos en el fondo son solo conchas de mar, piedras encontradas al caminar. ¿Por qué desde antes de ser homo sapiens ya nos gustaba tanto la joyería?

Sí, antes que a algún sofisticado neandertal se le ocurriera amarrar y colgarse la primera piedra, concha, e inventara la joyería hace más de 100 mil años, eran justo las conchas y las piedras lo que los homínidos de antes guardábamos y valorábamos—recoger conchitas es aún una actividad obligada en la playa, y buscar por alguna piedra hermosa en el río, en la montaña, algún cuarzo en la gruta, una necesidad genética.

Las particularmente hermosas, representaban incluso tótems, eran talismanes contra el hostil e inexplicable mundo. Y, ¿por qué no?, usar su poder—un poder psicológico y social, que no físico—a nuestro beneficio e inventar la religión de paso fue una consecuencia natural.

Los anillos al ser una evolución de las joyas naturales más elementales—al ser más complejas y sofisticadas, pues—tienen el poder adicional, al de la protección de un amuleto quiero decir, de ser avatares de una faceta de su dueño—de su portador, en el sentido más literal; de una faceta de su vida.

Así, nos damos el lujo de asignarle un valor adicional, espiritual, a lo material. No sea que nos demos cuenta que en realidad simplemente nos gustan las cosas brillosas y bonitas, como los animales que somos; nunca nos ha gustado que nos recuerden de donde venimos. Los changuitos que quedan son lo suficientemente distintos a nosotros para haber librado nuestro exterminio, no como los otros homo—humanos.

Si nos esforzamos en asignar valor esotérico a lo superfluo, ¿no significa esto que en realidad el objeto tiene más valor que el material? ¿Para su usuario?

Hace como un mes, un artesano cubano que conozco me vendió uno de carey. No me enorgullece particularmente; el anillo es hermoso, eso sí. Pero es que para mí, el carey se ve a infancia, a las pulseras que mi madre y sus hermanas tenían; antes el carey era muy común.
El anillo del diario—pero auténtico—ideal.

Anillo de carey.

Anillo de carey.

Seguí buscando alguno, medio inconscientemente, y de repente con ganas de encontrar, nada fácil pues hay miles online; el problema es que entre tantas opciones encontrar uno que “te hable” no es tarea sencilla. Incluso mejor diseñé y dibujé uno—de olas de mar imitando un estilo japonés muy característico, basado en una raíz de árbol que mi hermana pintó—que algún día le daré a Geovanni para que me haga, igual le llevaré a engarzar mi rubí. Tal vez.

Ola de Hokusai de raíz.

Entonces, encontré de casualidad unos Otomanos hermosísimos, sacados sin ninguna duda directamente de lo Persa, Moro, Élfico, del medio oriente, de la ruta de la seda, de los palacios llenos de almohadas—y el mundo feminista y post-moderno me perdone—harems y… odaliscas, concubinas de vestidos vaporosos y joyas dignas de robar. Se ven en el las escafandras que usaban los buzos del Nautilus, y los barrocos trajes espaciales pre-plaga de antiguos ultranautas—steampunk victoriano.

Vi mil modelos, con mil diseños y filigranas y encajes, y cota de malla real, con aguamarinas, amatistas, ágatas, ónices, zafiros y su azul mar profundo en el que te pierdes con facilidad, ámbares y su calidez que huele a nuestros bosques y humanidad perdidos, esmeraldas que prenden con la luz del color de la espada láser de Luke en Jedi—en Return of the Jedi, obviamente—granates con su recubrimiento de “brillo innatural” sobre el rojo cereza de sus centros. Vi anillos que antes seguramente estuvieron en cofres del tesoro en Diablo y anteriores RPGs… y posteriores, en Dragon Age también. Vi anillos que de tener tantos, por fuerza le han robado al Rey Conan. Vi gemas que Lindenbrock cortó y pulió a partir de los cristales brutos que iban recogiendo en su descenso, que luego Axel pondría en los dedos de Gräuben. Vi esmeraldas que al fin algún ladrón logró—aún no se sabe como, pues se transformaban en piedra al abandonar el pantano—llevarse del Oráculo Esmeralda de Krull. Vi tres anillos para los Elfos, siete para los Enanos, y nueve para los mortales Hombres condenados a morir.

Quiero decir que encontré el anillo de un nerd real, uno que jugó noches interminables D&D—y aún conserva sus dados—que vio todas las películas y leyó todos los libros mientras jugaba y aprendía a hablar en Basic en la Commodore 64, que sabe porqué Tolkien es malísimo, Lovecraft bueno, y Matheson excelente, que le queda claro el problema actual de las películas y series es el de Superman II: The Richard Donner Cut. Uno que odia y ve con shock, incredulidad y desprecio la enorme mayoría de películas y series de fantasía y ciencia-ficción modernas. Y entiende y puede explicar el porqué, aunque sus interlocutores normalmente carezcan de las bases o el interés para seguir el hilo—porque plot y dei ex machina son suficientes para las masas que babean Marvel y Star Wars. Vaya, un Nerd, no la mariquez actual (¡todo es una mariquez actual!) del cool nerd que en realidad es un poser ignorante como un youtuber, que cree Stranger Things y Tarantino son cosas de nerds; un Nerd es una enciclopedia. Y ha leído varias completitas.

Después de una muy difícil selección por eliminación (la manera más fácil de seleccionar siempre es eliminar lo que menos te gusta), editar imágenes para comparar, y hasta pedir alguna opinión ajena y objetiva, que duró días, me decidí por este que tien/ ¡uff, se miraba una absoluta belleza, una literal joya!

Directo de Estambul—Bizancio, Constantinopla—Turquía (username checks out), resultó aún más hermoso de lo que asumí, superó todas mis expectativas.

Es una cosa digna de verse; una joya en todo el sentido de la palabra, una piedra hermosa, un amuleto y talismán, la prosopopeya de un nerd en un anillo, y la verdad es que estoy feliz como el niño chiquito que en el fondo soy—otra faceta—con mi asombroso anillo de esmeralda.

Después de usarlo unos días, está formado por dos hojas de filigrana soldadas (más la corona y gema—que más bien es zirconia cúbica), que resultan obviamente mucho menos sustantivas que algo sólido, o con la filigrana descansando sobre algo sólido, y se dobla y abolla muy fácilmente; cualquier caída sería su ruina. Además que a pesar de lo que el vendedor me dijo, más bien es talla 10, está raro por que por su forma queda muy bien y no se cae, pero las medidas dicen otra cosa. En fin, que aún estoy dentro del tiempo de devolución sin costo y lo sigo evaluando.

Justo después compré uno de bronze y plata, esmeraldas y zirconias, que supuestamente sustituiría al Otomano cuando lo devolviese, pero resultó además de latón y zirconias cúbicas (que, insisto, el material no importa, el latón es igual al bronce excepto en color, las zirconias brillan casi tanto como un diamante y son usadas para remplazarlos con regularidad), una talla más grande y la verdad es que se ve bastante peor que en las fotos originales; afortunadamente lo de la talla y pude devolverlo sin problema. De Turquía también.

Compré ese porque ganó entre otro de plata tallada, igual Turco, todos Turcos, con motivo floral que hubiera mandado pedir desde antes, en vez del que no me quedó ni gustó. Veremos que tal cuando llegue.

¿El siguiente? Quizás uno de galaxias espirales (si me conoces dirás “¡obvio!“) o uno realizado a partir de una moneda, una rupia de plata hindú. Ya todos saben la importancia de las rupias… en los videojuegos, ¿cierto? Aunque el de la rupia si me pareció algo caro en 2 mil pesos; por otro lado, hacer anillos a partir de monedas no es cosa sencilla. Aunque yo creo que ya ninguno, esto era antes de pedir el de piedritas que regresé, y el de plata tallada.

Tips para comprar anillos.

Artesanal > industrial.
No te compres uno a lo menso, ve otros, otros días. Recuerda que los anillos industriales, genéricos—anillos de mall—los puede comprar y de hecho los compra una cantidad enorme de gente, y al menos a mí tener algo que tienen todos no me interesa. No entiendo a esos que usan joyería súper fea y genérica, ya sea artesanal o industrial, ugh, ¿qué no ven la porquería mal hecha en la que tiraron su dinero?

Que te quede.
No solo de talla, sino que el diseño sea algo que tenga relación contigo. Colgarse algo solo por adorno, es solo un adorno banal y como ya dije, no está mal, pero tus piezas pueden tener significado ulterior para ti. Comprar un signo metalero de acero inoxidable chafa, solo dice de ti que eres joven e ignorante, mientras que un anillo de bambú con ámbar incrustado tiene más interpretaciones posibles.
De talla es preferible que quede algo suelto a muy justo.

Ser original es imposible; hay que ser auténticos entonces.

¿De qué material?
Las aleaciones de cobre—el latón y el bronce—manchan verduzco (cobre, duh) dependiendo tu PH pero más bien siempre manchan algo. Y van perdiendo el brillo a lo largo del día y más bien luego luego—se pueden pulir muy fácil a prácticamente espejo y se ven hermosas—pero el que manchen es importante. Estas aleaciones son las que han estado con nosotros el mayor tiempo, son metales pre-industriales, y por tanto más cercanos a nuestra humanidad perdida.
La plata 925 (llamada sterling) tiene menos plata (0.25% menos) que la 950, lo cual es ridículamente poco, así que no caigas por esa falacia. La 925 de hecho se desgasta menos y se mancha menos que la 950; resulta que la 950 al ser más plata es más suave y por tanto más fácil para los artesanos de trabajar y por eso ellos dicen que es mejor. La plata siempre tiene cobre y también mancha la piel un poco, sobre todo si está pavonada, y también pierde su brillo muy rápido, y aunque es igual facilísimo pulirla, ten en cuenta que cada pulida te llevas algunas capas atómicas y solo estás adelgazando innecesariamente tu pieza; si quieres algo que brille mucho dale al acero inoxidable, que al ser más duro pierde menos su brillo.

Con los de materiales orgánicos—madera, ámbar—hay que tener más cuidado pues son más frágiles, y de cualquier manera duran mucho menos que uno de metal.
Los de piedra—como jade—son particularmente de cuidado: se te caen una vez y adiós.

El material en realidad no importa mucho, siempre y cuando sea duradero. Considera además como se verá después de años de uso; uno hecho de alguno de los metales suaves, gastado e indentado, tiene más encanto que uno de acero inoxidable con desgaste similar: en el artesanal el desgaste es esperado y natural, en el industrial es una traición de nuestras factorías al fallar en permanecer perfecto por siempre. Es curioso, hace años pensaba lo contrario, que los de acero eran superiores precisamente por ser un metal más duradero.

¿Dónde comprar anillos?
Los stands de las ferias grandes, y no artesanales—esas que venden puras mexican chinaderas, que en español significa “basura para los gringos”—tienen invariablemente plata muy chafa. Mejor ve a una joyería artesanal en el centro de tu ciudad, o feria artesanal; si vives en destino turístico tendrás muchas más opciones. O cómprate uno en algún viaje: esto crea, fija más bien, un recuerdo muy fuerte—de se asume algo padre, aquella vez que fuimos a…—que experimentarás cada vez que veas el objeto.
El recuerdo será algo placentero hasta que, gracias a la pinche vida, se convertirá en doloroso. Asignar una ocasión a un objeto es un ejercicio mental de memoria muy útil.

El tamaño.
En general, deben quedarte justos pero no apretados, y de mañana aprietan más que de noche. Con anillos grandes y especialmente los que son más anchos y pesados de frente, es buena idea considerar medía talla más para incrementar la comodidad y usabilidad. El contra es que quedará ligeramente suelto y—dependiendo del diseño de cada anillo, obvio—se notará como movimiento de la pieza y te resultará algo preocupante, aún así es mejor acostumbrarse a un poco suelto (y media talla es menos de medio milímetro, no es suficiente para que el anillo se te salga), que sufrir un anillo grande y ligeramente apretado que resultará incomodísimo y casi nunca te pondrás. Probando es la única manera.

Hice este post por mi nuevo anillo, así que, ah, ¡el precio! La verdad es que bastante menos que lo que cualquiera pudiera imaginarse; de hecho hice la cuenta por curiosidad y mis anillos promedian menos de mil pesitos. Los Swatch han subido mucho de precio, incomprensible pues son producidos en masa y de acero, pero pues el odiado branding y mercadotecnia a fin de cuentas, contra lo que “realmente” representa la joyería, si hago el promedio con lo que me costaron en su momento, el promedio da poco más de 600; nada demasiado ostentoso, que es algo imperativo para mi, por mi forma de vestir, gusto personal, estilo, etc.

Life is Short; Play More

[Tiempo de lectura 3 m]

Adrift.

Why we play videogames? What are the reasons behind spending hours—our lives, some would say—in front of a monitor clicking and pointing?

I’ve been adrift at sea with Kara for days, starving. I’ve found the princess in another castle. When I was inducted Spectre… Earth was so proud. I fell in love with Liara, but felt terrible because I was always sidelooking at Tali. I traveled to Dantooine aboard the Ebon Hawk; those estates where something to behold—they have always reminded me of Asimov’s Solaria. Canderous the Mandalore regaled us with epic—truly—war stories while walking through the pharaohnic ruins of Korriban. I was dwarfed and sick in the Cathedral of Flesh… My sickness was an eye opener. I felt proud in bringing down a Shivan Juggernaut, sacrificing myself so others could escape. I photographed exotic species that were beyond the homely ones. Spent geologic ages trapped in Montezuma’s labyrinth. I traveled the surface of the moon firing at enemy ships, evading craters. I held Marle’s hand through time, assassinated Kunitoki, the evil shogun, learnt the Alltongue to be understood in Arcadia, hidden in lockers through Sevastopol thinking of her… marveled at the space jockey through the narration of someone I knew… Debated myself between throwing a nuke at those degenerates—mankind—or not, almost right after leaving my shelter.

I was beaten thoroughly in the ’69 F1 season; those Ferrari 12cil beasts breezed through. Left that otherwordly papaya McLaren F1 in favor of the ultra-handleable High Stakes 911, I showed those fat left-turning gringos what it meant to race, and always fell off the road of the rainbow; had some truly epic pixel-finishes on the haunted track… Our best ending ever was, we were only two players left in the field—and a few NPCs of course. I shot the rebel scum of his sniper with mine, and me and my team screamed in joy over restoring Imperial Law over the Galaxy… only to watch those idiots screaming in too much of a similar manner. We watched the screens; I did kill him, but he did me also. We were elated. Were, because in the ’90s and ’00s, lan-parties were in real life.

And that is not even counting the sights I’ve seen, the glorious landscapes, all manner of post apocalyptic, underwater scenes, suffered several nuclear winters, saw the sea in all its colors, the cities of old Cimeria and Middle Earth, the underwater palace of Mu, the Arabian-like baths in another world, unnamable, unknowable and unrememberable places. The creatures I’ve encountered. Not even counting the… personages I’ve met.

I’ve woken in strange realms. I experienced a bit of what it felt to become an Ultra in the cavernous Armstrong, swamped for months in the Kingdom of Ehb. Stayed a while and listened, restoring sanctity to Tristram while avenging your death. Sent my Terminator Class Space Marines, in His name against the heretics… I fell short of my namesakes, Arthur and Asimov; the cultists of the necromorphs beat me. I was a spook, a Stranger back in the late ’20s hunting the occult with Papa Midnite at my back.

“A reader lives a thousand lives before he dies, said Jojen. The man who never reads lives only one.”
― George R.R. Martin, A Dance with Dragons.

As with books, videogames let you wonder, space-out. Learn and enjoy. A movie is static, it never changes—actually, it does change but for the worse; as you grow older and more critic, the movie loses—as much as you like it, even more so in these days where senile director’s come up with novel ways to ruin their previous works. Books are dynamic because the density of information is greater, and our memory is imperfect, our capacity to absorb a book in its totality, assuming a minimum of literary complexity, is low, so each read you find new things, much more so than movies. And videogames are dynamic, at least some—the RPGs, the Grand Game genre by definition, are.

So, to all who don’t understand why we play, those are the reasons. But, as with reading, you won’t get them until you experience it.

Oh, and don’t forget to always go right.

Servicio de Excelencia

[Tiempo de lectura 5 m]

Servicio de Excelencia.

Hay algo que tienen las marcas extranjeras, gringas en particular, el famoso Servicio de Excelencia.

Parte de su filosofía que The Customer is Always Right (el cliente siempre tiene la razón), y llega hasta el extremo de considerar más importante la recomendación de boca en boca -la presencia de su marca- que cualquier otra cosa, esto es, hace muchísimo más daño a la marca un cliente insatisfecho, pues hablará pestes de ti con todos, que beneficio un cliente satisfecho, pues en general como su producto funciona bien, no dirá nada.

Yo he tenido muchas experiencias a lo largo de los años con garantías extranjeras, en ninguna me han dejado de sorprender esas marcas: es algo que simple y sencillamente en México no pasa, aquí un pequeño recuento de las que me acuerdo, y una explicación un poco más larga de la última con RockShox / SRAM.

  • Logitech
    Es una marca suiza con mucha presencia en América.
    Compré un mouse gamer con 80 botones en Palacio de Hierro y dejó de funcionar en algo como dos semanas.
    Palacio de Hierro no da garantía en electrónicos, y lo ponen muy claro en su ticket.
    Me comuniqué a Logitech, les expliqué el asunto, me dijeron que me sentara a esperar mi nuevo mouse sin ningún costo.
  • Canon
    Compré una EOS 20D, una DSLR semi-profesional, tenía dos o tres pixeles muertos en el sensor. La garantía cubre me parece que alrededor del 5% de pixeles muertos, no dos o tres.
    Fui a Canon en Lomas de Chapultepec, Ciudad de México, me cambiaron el sensor sin ningún costo.
    También tenía una Point & Shoot que después de años de uso desarrolló unas bandas verticales en la pantalla. La garantía había vencido hace mucho tiempo.
    La llevé al mismo lugar, me cambiaron la pantalla sin ningún costo.
  • TWSBI
    Ellos hacen plumas fuente, son de Taiwán.
    Me gané una pluma en un GiveAway de un blog de plumas fuente, independiente a TWSBI, y me enviaron mi hermosa pluma.
    Después de un par de años de uso, se rompió una parte, le escribí a TWSBI preguntándoles si podían enviarme repuestos y en cuánto me saldría.
    TWSBI me dijo que me sentara a esperar mis repuestos gratis. ¡Ni siquiera el envío me cobraron! ¡La pluma yo no se las había comprado a ellos!
    Es de notar que ellos hacen mucho caso a lo que dicen los usuarios de sus plumas y cada nueva generación incluye las mejoras que los usuarios han detectado como fallos.
  • LAMY
    Ok, no Lamy como tal, un distribuidor en Japón. Lamy también hace plumas fuente. Me compré una y en las fotos venía con un estuche chafita de plástico. Llegó sin el estuche. Dejé una calificación negativa en Amazon.
    El distribuidor se comunicó conmigo informándome que algunas así le habían llegado, pero que de todos modos era su culpa por no haberse fijado bien en las fotos, y que me había reembolsado el total de la pluma y el envío, y que si podía por favor quitar mi calificación.
  • Portland Design Works
    Compré una lámpara trasera para bicicleta Radbot 1000 que dejó de funcionar. La abrí y limpié la circuitería lo mejor que pude y nada, les escribí pidiéndoles consejo, quizás solo era cosa de volver a soldar algo, y que no, que tenían ese problema las generaciones anteriores y que me sentara a esperar mi nueva lámpara completamente gratis.
  • Trek
    Estos hacen bicicletas. Compré una en 2005 o 2006 y en 2014 se fisuró el cuadro. Trek tiene garantía de por vida en cuadros.
    La tienda donde la había comprado ya no existe. Me comuniqué con Trek y me dijeron que fuera a otro distribuidor, en mi ciudad (en un estado distinto al que la compré). Fui a la tienda, analizaron, y me dijeron que me sentara a esperar una bicicleta nueva, sin ningún costo.

Y el último caso fue con una suspensión de esa bici, marca RockShox, y aquí es donde entra la necesaria comparación entre los extranjeros y nosotros, los malhechos mexicanos:

  • RockShox
    Tuve que comprar esa suspensión cuando me dieron la bici nueva, pues el cuadro no admitía frenos V, que eran los que yo tenía, sino de disco (en la parte trasera, la delantera depende de la suspensión, pero se iba a ver algo ridículo disco atrás y V adelante).
    La tijera tenía un problema desde nueva, pero lo ignoré, excepto apenas que compré una llanta más ancha y el problema se hizo muy evidente.
    Tienen garantía de dos años.
    La llevé a la tienda donde la compré, la analizaron y detectaron el problema, la enviaron a donde ellos la compran, en Benotto en Ciudad de México.
    Esa tienda Benotto la mandó a otra tienda Benotto (matriz, creo) en donde mi suspensión estuvo más de tres meses. ¿Tres meses para analizar algo que debería tomarte dos horas a lo mucho?
    Desde que mi tienda me informó que tenía que enviarla a otra tienda decidí establecer contacto con SRAM (la marca dueña de RockShox) y por Twitter me proporcionaron un correo, en el que les estuve informando todo lo que yo sabía.
    Al fin mi tienda me informó que la última tienda había hecho pruebas y habían determinado que la suspensión no tenía ningún problema y que venía de regreso. Se lo comuniqué a SRAM informándoles que no era posible, había pruebas de la falla (fotografías), una tienda me respaldaba (donde la compré) y que la culpa era de ellos por no tener un método de atención al cliente más directo.
    Me dijeron que me sentara a esperar una nueva suspensión.
    Llamaron a Benotto y regañaron a todos -o eso me informó mi tienda- y me enviaron la nueva versión del mismo modelo de la suspensión que yo había comprado, agradeciéndome mi paciencia.

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo hacer lo mismo a los mexicanos? ¿Por qué Benotto se rehusó a validar la garantía? ¿Por qué les tomó tres meses? ¿Será por nuestra filosofía de el que no tranza no avanza y por tanto no podemos confiar en nosotros mismos para hacer un reclamo honesto, y preferimos que el cliente se vaya enojado?

Por supuesto no todos son así, mi tienda, Bikes, Rides & Fun es la que se ha encargado de gestionar mis últimas garantías (el cuadro Trek y la suspensión RockShox), apoyándome en todo lo necesario, ¡ellos entienden el concepto de Servicio de Excelencia!

Sin duda es algo para reflexionar, en mi negociotratamos en la medida de nuestras posibilidades, de aplicar el Servicio de Excelencia en todos nuestros tratos. A veces lo logramos, a veces no, pero ¡el primer paso es tratar!

Actualización Febrero 2019:

  • Revant Optics
    Los Oakley Radar (y los Pitch de 2006 son mis favoritos) son de las mejores gafas para hacer ejercicio que hay en este mundo, y al ser usados así pues se gastan bastante y es imposible tenerlos inmaculados. Mis Black Iridium Polarized ya estaban muy dañados e investigando me decidí por Revant Optics como remplazo (esto es porque Oakley no envía a México, ya están descontinuados, y de conseguirlos cuestan un ojo de la cara, un robo sin ninguna duda).Total, compré hace más de un año unas Black Stealth Polarized y unas transparentes y he estado muy contento con ellas; apenas se me cayeron mis black stealth sobre concreto con las consecuencias previsibles, así que tuve que ordenar otras (pues, obvio, los rayones quedaron justo en la línea de visión central). Lo comenté en Twitter, y Revant al ser otra marca fregona, me dijo que les mandara un mail a soporte, y que aunque técnicamente nuestra garantía no cubre rayones por uso diario, hay algunas reglas que están hechas para romperse. Esto fue después de yo haber ordenado mis nuevos lentes, así que me ofrecieron enviarme otros completamente gratis, e incluso se tomaron la molestia de leer todos mis tuits y con base en lo que puse, me sugirieron los Ice Blue Polarized debido a su tinte rosa cálido (prefiero lentes cálidos a fríos) completamente gratis. Solo porque sí. Para tener contento a un cliente que ya les había comprado dos veces antes, que les estaba volviendo a comprar, y que no estaba exigiendo ningún tipo de servicio o garantía; simplemente estaba comentando y mini-reseñando sus ópticas.

    Revant hace micas para montones de marcas, así que si requieren remplazo, ¡ya saben dónde!

¡Increíble, más marcas así, caray! Directo a la lista de compañías chingonas, ¡cliente de por vida de todas ellas sin duda!

The Last Jungle

[Tiempo de lectura 1 m

It felt weird.

The feelings caused by donning atmo suits were so ingrained that you—particularly after passing through a hatch—always felt either planetside or EVA.

So, walking inside this non sequitur of a rusty iron elevated catwalk, were you can see the last jungle or forest or woods or whatever you want to call it—patch of green vegetation over 5cm high—was most weird… because this was Earth.
Was it really like this all over?
The only places with huge forests that we’ve encountered, are death traps to anything that moves—think hamadryads and up.

Someone in the team said that our preflight, err…, ancestors, used to have displays similar to this, but with some fabled aquatic leviathans inside huge tanks.

We can’t judge them. From their point of view, mankind will still be stupid for a while—baselines of course are. And it’s plausible to think that it was precisely Earth’s demise which prompted them to find a way out.

Still, it was mighty weird.

Cómo aprender a Pensar y el Pensamiento Mágico

[Tiempo de lectura 5 m]

Science plus art equals wonder.

Si no lees, no sabes escribir. Si no sabes escribir no sabes pensar.
-Juan José Arreola.

Tenemos un problema enorme como sociedad—y siempre lo hemos tenido: el pensamiento mágico. Creer en los horóscopos, la homeopatía, cualquier dios, telekinesis, telepatía, solo nos hace daño y limita nuestra evolución real como especie
¿Por qué es importante tener un método para evaluar nuestras creencias y el mundo físico.

¿Por qué como especie siempre hemos creído en la superchería? Bueno, Carl Sagan en Los Dragones del Edén nos lo pone bien fácil, y simplificando groseramente, todo es culpa de la evolución; la presión del ambiente dio preferencia a quienes escuchaban a los viejos, pues las ventajas son obvias. Además somos hijos de los que huyeron, pues valía más huir del viento que quedarse y darse cuenta era un tigre. Esto, aunado a nuestra necesidad de describir el mundo físico, desde que inventamos el lenguaje, resultó la receta perfecta para creer tonterías.
Después muchos se dieron cuenta que podían sacar provecho personal, pero eso es otro tema.

Entonces, el creer tonterías es una reacción secundaria resultado de características que le resultaron ventajosas a la especie en algún momento, y a pesar que ya no lo sean, o la ciencia nos haya liberado, aún la mayoría de la población tiene alguna creencia.
Por si fuera poco, no sabemos escribir porque ni leemos ni  sabemos leer, por tanto no sabemos pensar. No puede haber entendimiento cuando para cada quien una cosa significa algo distinto, y cuando cada quien tiene su muy particular versión de incoherencias. Y nos creemos cualquier cosa, cualquier fake news, nos enteramos de lo que pasa en el mundo con memes, “es de que para mí, sí funciona”

En una reunión con amigos, pasamos gran parte de la misma platicando con uno de nosotros que sufre esquizofrenia, y nos resultaba sorprendente que a pesar de este amigo saber perfectamente que la esquizofrenia provoca alucinaciones y distorsión del mundo real, ¡escogía creer que sus alucinaciones y creencias eran reales!
Y tratamos de hacerle entender que el método científico y la ciencia son las herramientas únicas y mejores que tenemos para entender el universo, haciendo hincapié en conceptos básicos como la carga de la prueba, la navaja de Occam, que la ausencia de pruebas no es prueba de existencia… Y decidí mandarle un correo con más información, esperando le sirva, que se convirtió en este post. Mi objetivo es que, si bien seguirá sufriendo los efectos de la enfermedad, por lo menos esté consciente que es posible lo que crea no es real, y cómo saber si algo es o no real y válido.

Esquizofrenia, características principales.

Esquizofrenia, características principales.

Así, este es el “kit de detección de sinsentidos” (aquí en español) por el mismo Sagan—uno de los astrónomos y divulgadores científicos más útiles que el mundo ha tenido.
No es que “lo diga él” y por eso funcione, sino que se puede pensar en esto como una reducción / aplicación del método científico a la vida cotidiana.

Esto es muy importante pues es indispensable poder distinguir entre la realidad y la fantasía, especialmente con esquizofrenia, pero obviamente aplica para todos. No es posible funcionar “correctamente” en el mundo si no se puede distinguir lo real de lo inexistente y fantasioso.

En el caso de mi amigo, nos quedo claro que es incapaz, físicamente incapaz, de distinguir lo real de lo irreal, y si bien esto probablemente jamás le cambie, sí será posible que logre llegar a saber distinguir que cosa es irreal, aunque la continue experimentando. Como le decía otro amigo: su sentir es real, su experiencia sensorial es real, pero esto no implica que el suceso sea Real.

Insisto en que nos llamó muchísimo la atención que él entiende perfectamente que la esquizofrenia provoca alucinaciones, nos lo dijo. Él sabe que estas alucinaciones no son reales, lo afirmó. ¡Y aún así se las cree! Este solo punto debería bastar para que tratara de ser honesto consigo mismo y sus creencias personales y experiencias sensoriales, y trate de juzgarlas con eso, con honestidad interna.

No pretendo que aplique cada punto a cada situación, nunca acabaría, pero sí que le de una leída y entienda de lo que se trata, sobre todo los puntos principales como:

  • La falta de pruebas no es prueba de existencia: nadie ha demostrado que no exista dios, por tanto existe, es un argumento equivocado.
  • Siempre debe haber confirmación independiente de los hechos: la mesa vibrará si él tuviera un súper poder y todos seríamos capaces de verlo sin problemas (¿se dan cuenta que ridículo se oye eso? En 2019, ¡por favor!) independientemente si hay o no un “ambiente hostil” (pretexto clasiquísimo de los charlatanes de verdad).
  • La Navaja de Occam, ante dos posibles explicaciones, la más sencilla es normalmente la correcta: o existe la telepatía y nadie ha podido demostrarla, o es fraude de gente sin escrúpulos para ganar una lanita, además de los que la alucinan y se la creen.
  • No dar por buenas preguntas sin sentido: “todo lo que imagines puede existir”, debería ser evidente la falsedad implícita: somos capaces de imaginar cualquier cantidad de cosas imposibles de existir, como una luna de queso.

De niño, mi abuelo nos compraba estas y Conan, ¡qué gozada era leerlas, magia, telepatía, el secreto de la Atlántida y las pirámides!

James Randi, el escepticazo que fundó el “Premio Randi a lo Paranormal“, ha dedicado gran parte de su vida a descubrir charlatanes que doblan cucharas y curan el cáncer con magia; siempre resulta que no funcionan ese día por “ambiente hostil” o porque los están grabando. Navaja de Occam: ¿qué es más probable, que primero exista la magia, luego que nadie haya sido capaz de demostrarla, encima que haya energías negativas que impidan su funcionamiento—ambientes hostiles y cámaras de televisión—o simplemente que todo esto sea puro choro? La carga de la prueba: que no existan pruebas contra la magia, no implica que la magia exista, y es al revés: el que crea en la magia es quien está obligado a demostrarla.

Dirán que en qué afecta: bueno, creer en la magia, en sinsentidos, en incoherencias, lo único que hace es que te impide pensar (sin contar la de dinero que se pierde en estos fraudes).
Ya no eres capaz de preguntarte cómo funcionan las cosas, cómo funciona tu entorno. Ya olvidaste el placer de descubrir, de entender. Y no solo te impide pensar, también te impide platicar y entender a la gente: no es posible la comunicación cuando tu “puedes hacer vibrar la mesa por telekinesis, pero solo si hay un ambiente no hostil, y en 20 años vamos a ver al fin la era de acuario, y los Illuminati nos vigilan”.

No se puede ir por la vida sin saber como pensar, sin tener un método simple para determinar si algo es real o no. No se puede ir por la vida pensando mágicamente. No se puede escudarse en la ignorancia.

La ignorancia se cura leyendo. Solo la ciencia y el humanismo avanzarán a la humanidad; no la magia ni la religión. Las creencias fueron una parte muy importante de nuestro pasado pero no hay razón de porqué deban ser parte de nuestro presente y futuro.